La gigante brasileña Vale, con inversiones en Mendoza, despidió a su presidente ejecutivo de la compañía, Roger Agnelli, tras una fuerte presión del Gobierno y está en conversaciones para reemplazarlo por un directivo proveniente de la misma empresa, informó ayer la prensa local.
La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, utilizó la influencia del Gobierno como un socio clave de Vale para presionar la salida de la empresa de Agnelli, tras años de acusaciones contra el ejecutivo porque no estaba haciendo lo suficiente para impulsar el desarrollo económico del país.
El diario O Estado de S. Paulo citó una fuente gubernamental no identificada diciendo que accionistas de la compañía estaban cerca de llegar a un acuerdo para tener un nuevo CEO. Vale no respondió consultas sobre el tema.
El Gobierno no puede despedir directamente al presidente ejecutivo de Vale, pero posee una participación mayoritaria en su accionista controlador Valepar, a través de fondos de pensiones estatales y del banco estatal BNDES.
Roger Agnelli dejó su posición como presidente ejecutivo de la gigante minera brasileña Vale SA, informó la agencia de noticias brasileña O Globo, sin mencionar la fuente de la información.
Banco Bradesco SA, uno de los principales accionistas de Vale y el banco donde Agnelli construyó su carrera, aceptó la decisión tomada por otros accionistas de la empresa minera, dijo el columnista de O Globo Ancelmo Gois. El substituto de Agnelli se elegirá dentro de la compañía, agregó Gois.
La oficina de prensa de Vale en Río de Janeiro declinó comentar sobre el informe de O Globo.
La salida de Agnelli, que ha dirigido la empresa por 10 años, se produce luego que circularan rumores de interferencia política dentro de Vale, que involucran al ministro de finanzas de Brasil, Guido Mantega, según el informe de O Globo.
Más temprano el viernes pasado, Agnelli emitió un comunicado en el que desmintió cualquier tipo de participación en algún tema político relacionado con la gerencia de Vale. La decisión respecto a ese liderazgo está totalmente en manos de los accionistas controladores, agregó.
La semana pasada, de acuerdo con fuentes al tanto, el ministro de Finanzas de Brasil, Guido Mantega, contactó al Banco Bradesco SA, el principal accionista privado de Vale, y le pidió apoyo para sustituir a Roger Agnelli, un ex banquero de inversión de Bradesco que ha conducido la compañía desde 2001. Aunque Agnelli se enfrentó al gobierno del ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, el renovado esfuerzo por sustituirlo señala la disposición de su sucesora, Dilma Rousseff, de mantener la presión del gobierno sobre compañías en las que el Estado ya no es el único accionista.
"Esas son empresas bien manejadas que son rentables y que no necesitan que nos metamos en sus asuntos", dijo José Mendonça Filho, un congresista brasileño que convocó a Mantega para que testificara sobre el asunto. El renovado esfuerzo por desplazar a Agnelli fue informado esta semana por la prensa brasileña.
Privatizaciones
Vale, la principal productora mundial de mineral de hierro, y Petróleo Brasileiro SA, el gigante brasileño estatal de energía, fueron parcialmente privatizadas hace más de una década. Aún así, el gobierno en los últimos años buscó influir cada vez más en las dos compañías y empujarlas hacia actividades que no agradan a muchos inversionistas privados.
Brasil ha sido particularmente enérgico en sus intentos de influir en la conducción de las empresas, pero los productores de commodities de otros países también están crecientemente en guardia por la creciente interferencia estatal en sus operaciones. Además de buscar una mayor influencia en la gerencia, los gobiernos, en medio del actual "boom" de los commodities, están buscando obtener una mayor participación de las ganancias récord generadas por los metales, los minerales, los productos agrícolas y el petróleo.
Las compañías mineras, incluyendo a BHP Billiton y a Rio Tinto, han llamado la atención a los esfuerzos de los gobiernos de los países donde operan, desde Australia, a Canadá, pasando por Congo, por obtener una mayor participación en estas ganancias extraordinarias. Tom Albanese, presidente ejecutivo de Rio Tinto, dijo la semana pasada que todas las compañías mineras necesitan administrar mejor lo que lo que llamó "la maldición del nacionalismo con los recursos naturales". Los crecientes impuestos y tasas y la intervención de los gobiernos van a limitar la oferta, advirtió, y mantendrán altos los precios del mineral de hierro, el carbón, el cobre y otros metales y minerales.
En 2009, Guinea expulsó a Rio Tinto de la porción norte de su proyecto de mineral de hierro, quejándose de que no estaba trabajando lo suficientemente rápido como para aportar ingresos fiscales. En Australia, las mineras están luchando contra los intentos del gobierno de implementar un impuesto a los recursos. El año pasado, Canadá frustró el plan de BHP Billiton de comprar la compañía de fertilizantes Potash Corp. por US$38.600 millones, en parte porque creía que la adquisición no sería buena para el país.
En Brasil, el gobierno ha estado presionando a los grandes productores de materias primas para que se diversifiquen y entren en sectores que crearían empleos y alentarían la actividad económica en zonas remotas del país. Por ejemplo, Petrobras, a pesar de las quejas de accionistas privados, sucumbió a la sugerencia del gobierno de que construya refinerías en el nordeste de Brasil aun cuando muchos expertos del sector califican las plantas de una distracción innecesaria de las operaciones más lucrativas de exploración y producción de la compañía.
En Vale, las tensiones comenzaron cuando la compañía redujo los planes de inversión y despidió a trabajadores en los inicios de la contracción económica global. El ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva en su momento criticó la contracción de los planes de la empresa y la decisión de Agnelli de comprar buques de carga a astilleros fuera de Brasil. Su gobierno luego buscó instar a la compañía a complementar la minería con la producción de acero y otras actividades industriales.
Como Agnelli se resistió, el gobierno se le opuso cada vez más, a pesar de las ganancias sin precedente de Vale y la alta estima por él entre otros accionistas.
Fuente: Reuter, Cronista y The Wall Street Journal