La aparición del principal accionista de Aluar y Fate, Javier Madanes Quintanilla, en las últimas semanas alteró el clima empresario local. Y sus fuertes declaraciones operaron como lo hace una bola de billar, a varias bandas.
Por lo pronto, lo que aparentaba ser un camino sin obstáculos hacia la presidencia de la Unión Industrial Argentina (UIA) del actual secretario, Ignacio de Mendiguren, con el pedido de Madanes para que se convoque a elecciones en esa entidad se alborotó de tal manera el panorama que ahora nadie se anima a aventurar como terminará.
El Gobierno, en cuyo seno a De Mendiguren le quedan pocos amigos, hizo causa común con Madanes y, por lo bajo, alienta ahora que la UIA se "democratice".
A esta altura, las maniobras y operaciones se exhiben sin pudor, como si cada uno de los contendientes quisiera dejar en claro y públicamente el partido que juegan.
Madanes es, hace tiempo, un empresario con llegada a la Presidente, que no pierde oportunidad de destacarlo y distinguirlo entre sus pares. Sería una suerte de ejemplo de empresario nacional, a pesar de que Aluar debe ser –junto con la industria automotriz en su conjunto- una de las empresas más subsidiadas por el Estado (sea del signo que sea cada Gobierno).
Pero a grandes rasgos, la situación es la que sigue: Madanes –no se sabe aún si por las suyas o empujado por algún ministro- apuntó primero contra De Mendiguren y la alianza que lo instalaría en la presidencia de la UIA. Madanes le dijo a Clarín: "Ya es hora de terminar con los pactos de alternancia, hay que hacer elecciones y trabajar en una agenda de largo plazo".
"El Vasco" no le contestó y el titular de Aluar atacó a los modos de la entidad para dirimir sus internas, pero le puso nombre y apellido a los atropellos: Paolo Rocca.
Al nombrar al accionista de Techint, Madanes hizo dos jugadas en una: dejó al descubierto los manejos domésticos de la entidad madre de los industriales y golpeó a un personaje que a esta altura compite, en el imaginario del Gobierno, con Héctor Magneto en el ranking de los más odiados enemigos del modelo. Y también dentro del empresariado, donde cada vez cosecha menos adhesiones.
El candidato de Madanes y Ratazzi a conducir la UIA sería Adrián Kaufmann, de Arcor, un joven empresario todavía con simpatías hacia la ortodoxia económica.
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La desunión industrial argentina
Lo que aparentaba ser un camino sin obstáculos hacia la presidencia de la UIA de Ignacio de Mendiguren, se alborotó con el pedido de elecciones Javier Madanes Quintanilla. El Gobierno, donde a De Mendiguren le quedan pocos amigos, hizo causa común con Madanes y alienta ahora que la UIA se "democratice". Las operaciones se exhiben sin pudor y los adversarios deja en claro y públicamente el partido que juega.