Llegar un sábado por la tarde al centro de Madrid produce un ligero desconcierto. Después de meses de leer la misma noticia, 'España en crisis', sorprende encontrarse con los turistas de siempre envueltos por una marea de españoles que adelantan las compras de Navidad o toman cerveza en las terrazas de Chueca. Pero el centro de la capital española es un microclima de ocio y comercio donde difícilmente se ve el recorte del 5% en el sueldo que sufrieron los empleados públicos en 2010, el retroceso de 17% que dio la construcción de viviendas ese año, y el desempleo juvenil más alto de Europa: 45% de desocupación para los menores de 25 años, informa hoy el diario Clarín.
No hay que llegar hasta la periferia para encontrar otra realidad. A pocas cuadras de Sol, el barrio de Lavapiés es uno de los que tienen más inmigrantes por metro cuadrado en la capital española. Allí, dicen que son las mujeres las que están sosteniendo la economía familiar. Con la actividad de la construcción que daba empleo a sus maridos prácticamente detenida, su sueldo como empleadas domésticas se ha convertido en el sustento principal.
El trabajo en negro es una de las razones por la que algunos creen que aún no ha estallado un país con los casi cinco millones de desempleados de las estadísticas oficiales. De acuerdo con un informe de la Fundación de las Cajas de Ahorro publicado en 2011, si la economía española se duplicó en los últimos 30 años, la sumergida se cuadruplicó y hoy representa aproximadamente el 24% del PBI. "Hace un año, nos mudamos. Ocho empleados de la empresa de mudanzas, un albañil, un pintor y una señora para limpiar. Los once me pidieron lo mismo: sin factura, por favor". La anécdota la contaba anoche un abogado en un restaurante de un barrio caro de Madrid.
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