Volvió un clásico de la economía argentina de los últimos 30 años: dólar versus tasas, o el Banco Central versus el mercado de cambios. Es una película que ya se vio durante el último año de la convertibilidad, tras el fracaso del Plan Austral en los 80 y poco antes del naufragio de la tablita cambiaria de Martínez de Hoz en los 70, destaca hoy el diario Clarín.
La diferencia entre aquellos tiempos y éstos es que ahora las reservas del Banco Central son unos más que respetables 47.000 millones de dólares y los precios de exportación siguen altos. No hay peligro inminente, como en el pasado, de una crisis de balanza de pagos.
Pero da igual. Lejos de cualquier teoría conspirativa, los argentinos tienen una larga experiencia en detectar retrasos o adelantos cambiarios y saber cuándo conviene comprar dólares o quedarse en pesos.
Solamente en septiembre compraron 3.000 millones de dólares y en octubre posiblemente más, una conducta a la que no hizo mella el resultado electoral. Hasta ahora, las autoridades respondieron en dos formas: reprimiendo la demanda y aumentando la oferta, enviando inspectores a las casas de cambio y obligando a empresas mineras y petroleras a liquidar el total de sus divisas de exportación en el país.
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