El fin de año y el comienzo del siguiente estuvo dominado por el debate sobre la utilización de reservas para el pago de la deuda y la resistencia de escasa rigurosidad profesional del ex presidente del Banco Central Martín Redrado. Han pasado apenas seis meses de ese conflicto que los economistas del establishment prometían iba a ser el inicio del derrape de la economía por la decisión del Gobierno de destinar una pequeña porción de la reservas para cancelar algunos vencimientos de deuda. Adelantaban un descontrol inflacionario y una fuerte devaluación. Atemorizaban con la pérdida de respaldo de la moneda, como si todavía estuviera vigente la convertibilidad, en una muestra más de la imposibilidad que expresa cierta ortodoxia para comprender la dinámica de los procesos económicos. Incluso el ex titular de la entidad monetaria despedido sin cumplir los seis años de su mandato aseguraba que el desborde monetario provocaría un caos. Nada de todos esos peores males se precipitó sobre la economía. Por el contrario, la evolución posterior debería generar cierta inhibición de esos abanderados del miedo: las reservas alcanzaron anteayer el record histórico de 50.710 millones de dólares pese a utilizarlas para abonar deuda por 2700 millones en ese período, y el nivel de actividad económica está subido a un tren bala a una velocidad del 8 por ciento anualizada.
La posibilidad de aplicar reservas para cancelar deuda es una medida que permite ampliar los márgenes de autonomía de la política económica. También ha facilitado la ruptura de la restricción ortodoxa referida a que esos dólares sólo deben ser usados para financiar la fuga de capitales. Quebrar esa resistencia fue un notable avance para empezar a evaluar otros destinos a las reservas excedentes, además de la cobertura de vencimientos de deuda a un costo muy bajo. Seguir ese camino con los compromisos del año próximo fortalecería esa política de cambio de paradigma sobre la forma de analizar la economía doméstica. A la vez, convoca a un debate más profundo sobre la oportunidad de analizar otras aplicaciones para las reservas. Por ejemplo, continuar con el desendeudamiento con organismos internacionales y resolver el default con el Club de París; o acelerar la capitalización del Banco del Sur; o constituir un fondo de inversión de infraestructura pública para la compra externa de maquinarias y tecnología no disponible en el país.
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El fin de año se viene con muchas reservas
La posibilidad de aplicar reservas para cancelar deuda es una medida que permite ampliar los márgenes de autonomía de la política económica. También ha facilitado la ruptura de la restricción ortodoxa referida a que esos dólares sólo deben ser usados para financiar la fuga de capitales.