De la mano de las 50 cuotas sin interés, un amplio abanico de productos están en el centro de una verdadera fiesta del consumo. Y la estrella indiscutible de esta tendencia, sin lugar a dudas, son los LCD, el gran objeto de deseo de la clase media argentina.
Sin embargo, el fenómeno no se agota ahí, sino que alcanza a un amplio abanico de artículos, como notebooks, celulares y reproductores de DVD, entre otros.
Al respecto, basta hojear cualquier catálogo de un supermercado o de una cadena de retail para observar que, por el momento, la gran mayoría de los productos electrónicos ofrecidos son comercializados bajo el sello “made in Argentina”.
Sin embargo, detrás de cada etiqueta que asegura que el producto adquirido fue “fabricado en Tierra del Fuego”, hay una realidad que impacta de lleno y derriba todos los “sueños industrialistas”.
En efecto: los componentes de origen nacional, en la mayoría de estos artículos son sumamente escasos, o bien brillan por su ausencia, a tal punto que pueden representar un 0% del producto final.
En otras palabras, el grueso de las plantas instaladas en la provincia austral se limitan solamente a armar los equipos. Incluso, muchas de ellas, apenas agregan el packaging o el manual de instrucciones.
Es aquí donde cabe la pregunta: ¿hay un "made in Argentina" auténtico, o el país funciona como un centro de ensamble abastecido desde China y Taiwán?
“Hay productos de Tierra del Fuego que lo único que tienen de nacional es la etiqueta”, aseguró a iProfesional.com con indignación un ex secretario del Ministerio de Relaciones Exteriores y actual asesor de cámaras empresarias, que pidió absoluta reserva de identidad.
Por su parte, el economista Tomás Bulat destacó que “el modelo que se está aplicando en Tierra del Fuego definitivamente es setentista y no tiene nada que ver con el mundo actual. El Gobierno tendría que dirigir recursos para promocionar industrias coherentes y no fábricas con rueditas, que cuando se acaban los beneficios, se van de la provincia”.
El experto se declaró en contra de “la promoción industrial de armaderos”, en referencia a las terminales del sur del país.
Las razones, según Bulat, están en que “el costo fiscal es mayor que el beneficio que terminan trayendo. Los consumidores pagamos fortunas para una industria que está ubicada a 3.000 kilómetros cuando ya no cumple su función para la que fue pensada originalmente, que era poblar Tierra del Fuego”.
“En materia de promoción industrial, la ecuación no termina de cerrar”, sintetizó Bulat.
Leer más sobre esta información en Iprofesional
¿Qué hay detrás de los LCD, notebooks y celulares?
Existen muchas dudas cuando vemos productos de industria nacional. A pesar de tener el sello, ¿Realmente sabemos el origen de los elementos utilizados para su fabricación?, ¿Argentina produce o es sólo un centro de ensamble de insumos chinos y coreanos.