Grecia y el agro presionan el tipo de cambio

La crisis griega, que afectó al euro, y la las liquidaciones de la cosecha que inundan de billetes verdes el mercado amenazan con una suba del dólar. Sin embargo,  aseguran que la divisa cerrará el año a $3,95.

El desafío del Banco Central es contener el precio del billete estadounidense. Foto: web
El desafío del Banco Central es contener el precio del billete estadounidense. Foto: web

El Banco Central volverá a tener esta semana la difícil tarea de contener el tipo de cambio ante las presiones que ejercen la crisis griega, que aumenta la desconfianza y sube la demanda de dólares, y las liquidaciones de la cosecha que inundan de billetes verdes el mercado.
 
El temor de los ahorristas aumenta día a día por un posible impacto de la profunda crisis de Grecia en la Argentina, por lo que pasan sus depósitos de pesos a dólares, y eso sube la demanda del billete norteamericano en la plaza local. 
  
Sólo en abril, los depósitos en dólares aumentaron un 28,3 por ciento y acumulan un incremento del 36,5 en un año, lo cual da señales de una creciente desconfianza sobre el peso y una ya conocida apuesta a la moneda estadounidense.  
  
Algunos no sólo optan por tener dólares, sino también elijen sacarlos del país o guardarlos en sus casas, lo cual llevó a la fuga de capitales a aumentar fuerte en el primer trimestre tras nueves meses de caída sostenida.
  
Según datos del Informe del Balance Cambiario del Banco Central, la fuga de capitales volvió a acelerarse en el primer trimestre del año con la salida del país de unos 3.844 millones de dólares.
 
El Gobierno asegura que el sistema financiero local está sólido y con la liquidez suficiente para soportar turbulencias y lo argumenta recordando el comportamiento del país ante lo peor de la crisis mundial.
 
La administración de Cristina Kirchner reabrió el canje de deuda en default, asegurá que cumplirá con todos los vencimientos y que el dólar no superará los 3,95 pesos este año, pero aún así no logra revertir la desconfianza de los ahorristas, afectados por una elevada inflación.  
 
La semana pasada, la preocupación por la realidad económica de Grecia, Portugal y España golpeó al mercado argentino, resintiendo las acciones empresariales y los títulos de la deuda pública, y ejerciendo presión sobre el tipo de cambio.
 
La explosión en el viejo continente castigó a los bonos argentinos ante el riesgo del normal desarrollo del canje de deuda en default lanzado el lunes último y el escepticismo sobre la obtención de dinero fresco con tasas de un dígito.
 
A su vez, en el principio de esa semana las grandes empresas y los bancos reforzaron la presión tomadora sobre la divisa estadounidense, sin esperar a que desembarcaran en el país los dólares por la liquidación de la cosecha al exterior.

Cierto es también que los exportadores, con sus incesantes pedidos de devaluación a cuestas, retuvieron sus liquidaciones más de lo previsto y obligaron así al Banco Central a salir a abastecer al mercado, para que el precio de la divisa no se dispare más de la cuenta.
 
Los exportadores -que este año enviarán más de 90 millones de toneladas de granos al exterior- quieren que el dólar supere los 4,20 pesos en la Argentina para mejorar su rentabilidad, argumentando que está en juego la competitividad.
 
El dólar alcanzó a subir dos centavos, a 3,92 pesos, pero finalmente cerró en 3,91 y no volvió a modificarse, aunque la situación preocupa porque sólo quedan 4 centavos de margen para llegar al nivel anual preestablecido por el Gobierno y aún resta medio año.  
 
Sobre el fin de la semana desembarcaron unos 400 millones de dólares de la cosecha en la plaza local que inundaron el mercado, por lo que el Banco Central tuvo que salir a comprar 200 millones de dólares para que el tipo de cambio no cayera.

Así, la autoridad monetaria tuvo que cubrir los dos frentes vendiendo y comprando dólares, ante los intereses de los exportadores concentrados y el temor de los argentinos a que la economía local vuelva a jugarles una mala pasada.
  
Esta semana también tendrá muchos vaivenes para el Banco Central, ya que se prevén fuertes liquidaciones de cosecha mientras se esperan definiciones concretas de la Unión Europea sobre la crisis en ese continente.