Muerto el Fondo del Bicentenario, ¿viva el Fondo del Desendeudamiento?
Eso es lo que está por verse, en este confuso escenario que quedó tras el discurso con el que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner inauguró un nuevo período legislativo.
Lo poco que está en claro a esta altura es que el Gobierno encontró la forma de hacerse con u$s6.569 millones, algo por lo que venía pugnando desde diciembre pasado y que diera lugar a una crisis política de magnitud en el verano y que desembocara en la salida del ahora ex titular del Banco Central (BCRA), Martín Redrado.
La anulación del decreto que creaba el Fondo del Bicentenario y su sustitución por dos nuevos decretos -uno "simple" y menos ambicioso, restringido al pago de los vencimientos de deuda de este año y otro de necesidad y urgencia, que autorizaría el uso de reservas para saldar deudas comerciales- le permiten al oficialismo saltear al mismo tiempo dos escollos: el judicial y el parlamentario.
Es así como las próximas horas serán decisivas y quedará más en claro si la oposición tiene reflejos y fuerza política como para frenar esta iniciativa de la misma forma en que logró trabar ahora extinto fondo del Bicentenario.
Pero lo cierto es que, tal como dijo el ministro del Interior, Florencio Randazzo, toda la discusión pasó a ser abstracta una vez que el Banco Central, finalmente, diera luz verde y le girara al Tesoro las reservas que constituyeron la base de la polémica.
En resumen, la situación en este momento es la siguiente:
El Gobierno, al basarse en la ley de 2005 que lo habilitara para pagarle al FMI con reservas, tiene ahora una forma de usar u$s2.187 millones para pagarle a los organismos internacionales. Y no necesita permiso parlamentario.
Para los restantes u$s4.382 millones (que se destinan al pago de acreedores privados) emitió otro decreto de necesidad y urgencia que ya está vigente. Es decir, el Gobierno ya tiene el dinero que le giró el Banco Central.
Más allá de la eventual discusión política que se generará en los próximos días, quedó flotando la sensación de que el uso de las reservas para el pago de la deuda pública es una situación de hecho que será difícil de revertir.
En la consecuencia económica de la medida, los nuevos decretos no cambian lo que más se le criticaba al Fondo del Bicentenario: su esencia inflacionaria.
Al respecto, el discurso de la Presidenta ante el Congreso tuvo frases muy elocuentes que ratificaron la vocación del Ejecutivo por expandir el gasto público, fomentar la demanda como motor del crecimiento y poner a la lucha contra la inflación en un segundo plano de importancia.
El riesgo que se percibe a mediano plazo es que el público interprete estas medidas como un menoscabo del respaldo a los depósitos bancarios. Y que esa situación agrave la tendencia a la dolarización de los ahorros.
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Los nuevos DNU ponen presión a la inflación y al dólar
Generando una nueva pelea con la oposición, el Gobierno encuentra la forma de usar las reservas para pagar deudas y financiar el gasto. La Bolsa festeja las garantías con una suba en los bonos.