Para los joyeros, todo lo que brilla este año no es precisamente oro. Las grandes cadenas de joyerías están tratando de sobrellevar la imparable escalada del precio del lingote, mientras intentan mantener sus creaciones en niveles asequibles a los consumidores, que aún se muestran cautelosos a gastar.
Algunas están reduciendo la cantidad de oro en sus diseños y recurriendo a metales menos caros, como la plata y el tungsteno. Además, están comprando metales preciosos al por mayor, a precios fijos, para evitar el riesgo de futuras alzas.
Aun así, el precio de las joyas probablemente aumentará debido a los mayores costos de los materiales. Este año, el oro ha subido 22%, cerrando el martes en US$1.377,60 por onza troy. La plata registra un encarecimiento de 52% y el platino, de 12%. Una cadena de oro de 14 quilates que hace 10 años costaba US$250 en Estados Unidos, por ejemplo, hoy se vende a más de US$1.000, calcula Brian Ree, cofundador del minorista GoldenMine.com Inc.
La joyería con plata y tungsteno gana terreno.
Las medidas de los joyeros buscan darle un impulso a la industria para que se recupere de los resultados anémicos de los últimos años.
La creciente popularidad del oro entre los inversionistas preocupados por la inflación y la caída de las divisas han hecho que el mercado del metal dorado dependa mucho menos de la demanda de las joyerías. Durante los tres primeros trimestres de este año, la joyería representó 52% de la demanda de oro, por debajo del 73% de 2005, de acuerdo con GFMS Ltd., que hace un seguimiento de este sector.
En términos de tonelaje, el oro utilizado por los joyeros disminuyó 35% entre 2005 y 2009.
Esta caída coincide con el auge que el metal registra desde hace 10 años y que ha sido alimentado por el interés de los inversionistas. Desde fines de 2000, cuando el oro se transaba a US$272 por onza troy, se ha casi quintuplicado.
Los joyeros están pasando apuros para adaptarse. Ben Bridge Jeweler Inc., una división de Berkshire Hathaway Inc. Corp., la firma de inversión de Warren Buffett, está vendiendo más productos de plata y platino, e incluye ahora argollas de matrimonio de cobalto y tungsteno en sus 73 tiendas, señala Jon Bridge, un ejecutivo de la empresa. La cadena vende un aro de oro de matrimonio para hombre de la talla 9 por US$750; el mismo modelo en tungsteno cuesta US$279.
"Hemos evaluado un montón de diferentes alternativas", asegura Bridge. "Parte (de nuestra decisión) está motivada por los precios y parte, por la moda", explica.
David Lamb, director operativo de joyería en el World Gold Council, un grupo que representa a empresas mineras, dijo en un e-mail que algunos joyeros "están rotando los estilos de los productos con mayor frecuencia e invirtiendo en nuevos inventarios para hacer que los consumidores vuelvan a sus tiendas".
Con el alza general en los precios de los metales, algunos vendedores grandes están intentando contener los costos comprando grandes cantidades a un precio predeterminado. Estos contratos pueden protegerlos de súbitos saltos en los precios. Aunque, por otra parte, podría acabar pagando más del valor de operación si el precio baja por debajo del nivel fijado en el contrato.
Tiffany & Co. cuenta con un programa de cobertura para el platino y la plata, pero no para el oro, ya que no lo utiliza tanto, dice Mark Aaron, subdirector de relaciones con los inversionistas de la cadena de joyerías. Alrededor de 40% de las joyas de Tiffany consisten en diamantes combinados con platino y 30% son de plata.
Los clientes de Tiffany son "menos sensibles a los precios", anota Adrianne Shapira, analista de Goldman Sachs, aunque aclaró que una reciente investigación sugiere que, en 2011, los costos más altos de los metales preciosos podrían "poner bajo presión" los márgenes de las empresas.
Aaron no quiso comentar sobre este informe pero dijo que los costos de los metales son un componente del precio final de la joya, al igual que la mano de obra y las gemas. Si el oro sube 20%, el precio no subirá en la misma proporción.
Las tiendas deben ser capaces de mantener los precios en ciertos niveles, porque los consumidores no están muy dispuestos a pagar más por lo que ven como artículos de lujo, dice Shapira.
Limitar el impacto sobre los consumidores puede terminar siendo fundamental para la salud de la industria.
Fuente: The Wall Street Journal.