Con las elecciones de mañana, Brasil cierra el ciclo de las dos presidencias de Lula da Silva, quien deja al nuevo gobierno una herencia de logros y también de desafíos.
Los logros se pueden contemplar claramente por el lado de los indicadores económicos, mientras que los desafíos se ubican en la deuda social que aún tiene el Estado brasileño con relación al sistema de salud pública, el sistema de educación y la seguridad ciudadana frente a la violencia de los grupos delictivos.
En lo que hace a las políticas macroeconómicas, las perspectivas del Brasil post Lula no dibujan grandes cambios.
Sin embargo, es de esperar que ya con Dilma Rousseff en la presidencia, cosa que aseguran todos los sondeos, la política fiscal sea más flexible y haya un aumento del margen que existe actualmente para la meta de inflación. Todo indica, igualmente, que el Banco Central contaría con una importante independencia con relación al Ejecutivo, aunque ya se percibe que la actual candidata de Lula podría inclinarse por proponer a un presidente más keynesiano que Henrique Meirelles. También, es muy posible que la política de crédito se torne aún más expansionista.
En esta columna, Dante Sica y Ricardo Sennes, analizan cuáles serán los desafíos que tendrá el sucesor de Lula para seguir con el crecimiento que hizo de Brasil la primera potencia latinoamericana.