Un hogar argentino, constituído por cinco personas (matrimonio y tres hijos), que cuenta con un sueldo mensual de 1114,17 pesos, tiene satisfechas sus necesidades básicas en lo que respecta a vestimenta, alimentos, transporte, educación, salud, entre otros gastos.
Así lo revela el Indec (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos) en su último informe de canastas básicas. En base a ese dato, y otros tan increíbles como el que mencionamos, Argentina debería considerarse como un país privilegiado, donde en vez de aumentar, la cantidad de pobres e indigentes baja, aún cuando la economía mundial derrapa y (también aquí) las empresas, instituciones y agencias de recursos humanos acumulan currículums de gente que no encuentra empleo.
¿Cómo es posible que en un año recesivo exista un mayor porcentaje de personas que tienen dinero suficiente para llegar a fin de mes con lo justo?
La respuesta radica en la gran falacia que lleva adelante el Indec desde hace, al menos, cuatros años. Una trampa que tiene su raíz en la metodología con que el Estado calcula los índices de indigencia y de pobreza en el país, que aquí explicamos:
Existen dos canastas de productos, que se basan en un detallado estudio sobre los hábitos de consumo que tienen los argentinos en las diferentes provincias y regiones geográficas. Una de las cestas se llama Canasta Básica Alimentaria (CBA) y cuenta con todo lo necesario para nutrir con comida a un “hogar tipo” durante 30 días. La otra se llama Canasta Básica Total (CBT), que además de alimentos tiene bienes y servicios necesarios para que esa misma familia pase el mes.
El valor mensual de la CBT le sirve al Indec para calcular qué cantidad de pobres viven en el país, con una línea que el organismo traza en base a la estadística de ingresos de los hogares. Mientras que, el precio sumado de los productos que forman la CBA marcará la línea de indigentes que "sobreviven" en cada uno de los grandes centros urbanos argentinos.
El problema es que los valores de las canastas se toman de un estudio, el Índice de Precios al Consumidor (IPC), que ha venido siendo dibujado por orden del secretario kirchnerista de Comercio, Guillermo Moreno, desde el año 2005.
Comida muy, muy barata
Si tenemos en cuenta que, según el Indec, desde diciembre último hasta agosto la canasta básica total aumentó sólo 4,6 por ciento (de ·$1.065,46 a $1.114,71 para el hogar de cinco miembros), es probable que la manipulación estadística, que denunciaran los mismos empleados del organismo, continúe en plena vigencia.
Veamos qué sucede con la canasta de alimentos, la misma que probó consumir durante unas semanas el periodista de CQC Daniel Malnatti, allá por el 2005, con resultados negativos en su salud.
El Indec considera que con menos de un dólar por día (3,29 pesos) una persona puede alimentarse lo suficiente como para no ser indigente. Esto, si tenemos en cuenta que la CBA para un hogar de cinco personas (dos adultos y tres niños) es de 492,95 pesos, según la última medición oficial. Continúa tomando los precios a través de la visión eclipsada de Moreno.
Debido a un atraso acumulado de los precios que mide, al Indec las canastas le dan muy baratas. Además, señala Patricia Giménez, la ex directora de estadísticas por Mendoza, han subido los salarios en general, debido a distintos acuerdos paritarios, con huelgas de por medio en algunos sectores.
Por eso en el primer semestre de este año la pobreza cayó 3,9 por ciento en relación con el mismo período del año pasado: la pobreza afectaría al 13% de la población en el país y la indigencia a sólo el 4 por ciento.
Aún cuando el Instituto de Estadísticas y Censos lave su deplorada imagen y comience a medir como debe el índice de precios, los indicadores de pobreza e indigencia le seguirán dando bajos, en tanto no corrija hacia atrás los aumentos que ocultaron en los últimos años. Con todo, el matrimonio Kirchner seguirá apreciando una situación social favorable. ¿Podrán ellos dos solos vivir un mes con 1.114 pesos?
Producción: Cecilia Zabala.