En la actualidad se desarrolla un debate por demás interesante en la comunidad académica respecto de la suerte a más largo plazo del dólar estadounidense como suprema divisa de reserva para transacciones cambiarias y para los valores en divisas de gobiernos nacionales, empresas globales y productores de petróleo, gas y otras materias primas.
Una interpretación generosa de toda esa confabulación es que en realidad al mundo le conviene más hacer sus transacciones monetarias sobre la base de un margen diferencial internacional de monedas en lugar de sobre una sola que, si se derrumba como consecuencia de un mal manejo interno, podría arruinar a muchos inocentes, sobre todo tal vez a países más pobres dependientes del dólar estadounidense. ¿Acaso el gran economista John Maynard Keynes no propuso en 1944 poner fin a un mundo con denominación en dólares que terminaría por desplomarse por llevar tanto peso sobre los hombros?
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