La economía de Mendoza no luce saludable

Los menores ritmos de actividad en varios sectores clave, como turismo, comercio, industria y producción primaria, sumado a la caída de los ingresos del Estado, ponen un marco de situación muy complejo para este año y para el próximo.

La economía mendocina, como no podía ser de otra manera, también se encuentra inmersa en el proceso de crisis que vive la Argentina, donde una mezcla de factores políticos internos, sumados  las secuelas de la crisis internacional, se mezclan y se potencian.

El actual marco le da más vigora  una serie de problemas estructurales nunca solucionados, como la coparticipación federal, el saqueo de los valores del petróleo, los “aportes” que se hace desde las provincias a organismos que hoy son superavitarios, como el PAMI o el Anses. Sumémosle cuestiones distorsivas como impuestos que no se coparticipan o la promoción industrial, y vemos que hay un cóctel que ataca directamente a las economías regionales.

En ese contexto, la economía mendocina se encontró con un año complejo. Para todo el sector frutihortícola, fuertemente dependiente del mercado externo, la crisis complicó la ecuación de precios y se complicaron las ventas en muchos mercados. Algo similar ocurrió en el sector vitivinícola, con la salvedad que este tiene el casi el 90% de sus ventas en el mercado interno.

En ese cuadro no es de extrañar que algunos indicadores estén marcando índices negativos. Desde la demanda laboral, que cayó un 30% promedio en el primer trimestre del año, comparado con el mismo período del año anterior; el consumo de combustibles también está marcando una caída, lo mismo que la actividad de la construcción, donde la demanda de cemento registra una caída del 5% en el mismo período.

Si se revisan diversos indicadores, se pueden ver caídas, también, en los consumos de energía eléctrica, ventas en supermercados (-4%), mientras las ventas de autos 0 Km muestran un retroceso promedio del 19%.

Por su parte, el rubro restaurantes, comercios y hoteles, que ostenta el primer lugar entre los sectores económicos de la provincia, está marcando una notoria retracción. En la actividad vinculada al turismo, hay una caída del 30% hasta ahora, mientras que el comercio muestra cifras que, anualizadas, podrían alcanzar una retracción del 20%.

Mientras esto ocurre, el Gobierno ha intentado paliar algunas situaciones con recursos del Fondo para la Transformación y el Crecimiento. Los funcionarios se asignan el mérito de haber hecho subir el precio de la uva, aunque el mayor mérito lo tienen los factores climáticos que hicieron perder una porción superior a lo esperada de la cosecha del año, mejorando las expectativas.

Pero el Gobierno tiene un problema estructural que no puede solucionar y es el problema de sus propios recursos. En marzo, la recaudación de ingresos brutos “deflactada” fue un 10% menor a la del mismo mes del año anterior. El gasto público primario creció un 30%, mientras que los recursos de impuestos provinciales crecieron un 22% y los recursos coparticipados solo crecieron un 18%. Hoy la provincia tiene un déficit total acumulado cercano a los 200 millones de pesos.

Tanto el gobierno nacional como el provincial se jactan de hacer políticas “contracíclicas”. Sin embargo, todas las decisiones responden a políticas procíclicas. En estos momentos, donde es necesario reactivar la economía y favorecer la creación de empleos, no se puede estar con impuestos nuevos, tasas raras y toda una serie de decisiones que lo único que hacen es paralizar las decisiones de inversión.

Hoy en la Argentina estamos ante un nuevo ajuste ortodoxo. Si bien como en todos estos ajustes el hilo se corta por lo más delgado, es decir, por el sector laboral, la diferencia aparece en el sector empresario. Como una buena estructura corporativa, en este ajuste se castiga a los sectores que no son afines al gobierno y se beneficia a los amigos del momento.

Mendoza no escapa a esa tendencia, aunque el problema aquí es la falta de recursos. Hace unos días el mismo ministro de Hacienda reconoció que tienen en carpeta la posibilidad de emitir un bono, aunque no precisó las características.

Es probable que 2009 lo puedan pasar de alguna manera (para eso está el Anses), aunque la cuestión se va agravar. Nuevos aumentos,  inevitables, en los servicios públicos, más un inflación persistente en medio del marco recesión, muestran un escenario estancamiento con inflación (estanflación) que es el peor de todos.

Para 2010, el pronóstico es muy reservado pero, de movida, luce muy conflictivo.