El cerrojo estadístico de Cristina

La obsesión por disfrazar las estadística de la economía llegaron esta semana a la producción industrial y, seguramente, se acentuarán camino al acto electoral del 28 de junio próximo.

Desde que en 2007 el gobierno tomó la decisión de cambiar arbitrariamente y sin fundamentos técnicos, los sistemas de información que elabora el INDEC, la Argentina se ha transformado en un gran desorden, donde todas las fronteras son confusas. La carencia de estadísticas confiables sobre la marcha de la economía o la situación social no permiten proyectar ni crecer.

Está claro que el problema fue la aceleración inflacionaria provocada por el mismo gobierno. La política cambiaria, sosteniendo artificialmente devaluada la moneda, permitió importar inflación, pero, además, la aceleración del gasto, el impulso a los salarios, el congelamiento de los precios de los servicios públicos, vía subsidios, generaron consecuencias que hoy estamos pagando y sufriremos por mucho tiempo.

La obsesión por manipular la información se volvió a ver esta semana con la disparidad de datos de la producción industrial, entre lo que dio a conocer el INDEC y los que dio a publicidad la UIA. Mientras el INDEC marcaba una caída del 1%, pero con crecimiento respecto de enero, la UIA (tradicional aliada del gobierno) refirmaba una caída interanual de 15%, prolongando la caída que se viene registrando en forma sistemática desde octubre pasado.

Previamente, se habían conocido los datos de las investigaciones de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) y de FIEL, cuyos guarismos estaban en línea con los datos de la central industrial.

El problema fue la manera en que el gobierno, a través de los ministros de Trabajo y de la Producción, Carlos Tomada y Déborah Giorgi, salió a refutar las cifras privadas, con un argumento tan político como débil. Los funcionarios dijeron que si los datos de los privados fueran ciertos, la situación de empleo sería mucho peor. ¿Peor comparado con qué datos? Con los del gobierno.

Y aquí comienza a complicarse más el problema. Los datos de empleo del INDEC ya no son confiables. El gobierno dejó de publicar los datos completos de la Encuesta Permanente de Hogares y la metodología de la misma es cuestionada por los técnicos.

Por otra parte, es sabido que muchas empresas han optado por suspensiones o adelantamiento de vacaciones para evitar el despido en sí mismo, pero esa situación está revelando el problema de parálisis de la actividad industrial. Y cuando esto no funciona se aplica el apriete, por el cual los funcionarios llaman directamente a los directivos de las compañías para que eviten cualquier tipo de desvinculación.

El tema de la situación laboral y el nivel de actividad preocupan mucho al gobierno con vistas a las próximas elecciones legislativas del mes de junio. Hasta entonces el gobierno negará sistemáticamente que pueda haber recesión o aumento del desempleo.

Pero hay datos concretos que muestran la imposibilidad que tiene el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner para poder contener la situación y generar medidas que puedan amortiguar la caída.

El plan para compra de automóviles no funciona. Mientras en otros países se decidió bajar el precio a través de la eliminación de impuestos, aquí se optó por el crédito, en un momento en que casi nadie quiere sacar uno y los que lo pudieran necesitar chocan contra la cerrazón de los bancos que prácticamente no dejan pasar a nadie.

Los planes de obras públicas están demoradas y hay obras en ejecución que se están paralizando porque los atrasos en los pagos llegan, en algunos casos, hasta 180 días. Salvo el plan canje de heladeras, que tuvo una reacción inmediata, ningún otro programa ha sido exitoso. Ni siquiera el gobierno ha podido reglamentar el blanqueo propuesto con bombos y platillos.

Aunque parezca obvio, los Kirchner no dejarán de manipular la información para “desinformar”  e intentar crear una atmósfera ficticia de bienestar que les pueda beneficiar en las próximas elecciones.