La única certeza es la incertidumbre

A medidas que la crisis internacional avanza se van cayendo las bibliotecas, los gurúes quedan desairados con sus pronósticos y no animan a repetirlos por miedo al ridículo, mientras las autoridades económicas y monetarias de todo mundo no encuentran soluciones.

Ya casi pasan inadvertidas las quiebras de bancos pequeños en EE.UU., pero ahora el problema se traslada a las grandes entidades y a las grandes empresas. Esta semana, la noticia fue que las acciones del Citigroup cotizaron a menos de l dólar por primera vez en su historia. Hace tres meses, cuando ya se sabía de su crisis, habían caído a 21 dólares.

Otro tanto pasó con General Motors, que anunció que sus auditores no veían una salida sin ayuda del gobierno. Pero los entendidos, que proyectan la duración de la crisis, advierten que cualquier ayuda que hoy se de solo permitirá estirar la situación por 90 días. El gigante automotriz está en quiebra.

A medida que pasan los días también queda claro que las recetas tradicionales no responden en situaciones extremas y esto les está pasando a los bancos centrales, aunque también lo hacen asumiendo grandes riesgos.

Tanto los bancos de EE.UU. como los europeos recibieron inyecciones de fondos por más de 2 billones de dólares. Sin embargo, el crédito no aparece. Los bancos se han sentado sobre la liquidez y casi no prestan. Las razones que argumentan son varias. Por una parte, afirman que ante la incertidumbre y el aumento del desempleo, no hay empresa en la cual confiar, pero tampoco se puede confiar en los particulares.

Aunque no lo digan, los bancos están fondeados con miedo a que se produzca una corrida, pese a las garantías. De hecho, el organismo encargado del seguro de depósitos en EE.UU. dijo el jueves que se quedó sin recursos y necesita una nueva inyección de fondos por parte del Estado.

En medio de esto, los gobiernos se desesperan para que las entidades salgan a prestar y restablezcan el circuito virtuoso del crédito. Las entidades dicen que son pocos los sujetos de crédito, pero éstos, además, no quieren tomar préstamos porque no saben si podrán devolverlos.

Para incentivar el crédito los bancos centrales han estado bajando las tasas, de manera de incentivar el consumo, pero los consumidores no responden. Tradicionalmente, cada vez que un banco central bajaba la tasa se producía un incentivo para el consumo, pero hay varias experiencias que dicen que en situaciones extremas hay buscar otras soluciones.

Lo probó Japón. En la década de los `90 El Banco Central de Japón llevó la tasa a cero. Sin embargo, debieron soportar una recesión de 10 años. ¿La razón? Falta de confianza. Alan Greenspan llevó la tasa al 1% entre 2004 y 2005 y lo único que consiguió fue financiar una infernal bicicleta que terminó en la burbuja inmobiliaria, primero, y en la las commodities, después.

Hoy la Reserva Federal tiene la tasa en 0,50% anual y la recesión es fenomenal. Además, expandió la base monetaria en más del 65% en los últimos seis meses, o sea, emitió dinero a una velocidad que ningún país podría soportar. El Banco Central Europeo, que no puede emitir moneda, se limitó a bajar la tasa a 1,5%, mientras el banco de Inglaterra, emitiendo, también la bajó a 1%. Y ninguna economía responde.

Estados Unidos gastará otros 2 billones de dólares en intentar reactivar la economía. El déficit será de 1,7 billones de dólares, o sea, 12% del PBI, mientras que el nivel de deuda (por la emisión loca de bonos) alcanzará el 60% del PBI. Pero la economía no responde. ¿La razón? Falta de confianza.

Indudablemente, el mundo está ante un desafío desconocido y las herramientas tradicionales han demostrado nos er eficientes para enfrentar el problema. Habrá que recurrir a  nuevas medidas, pero bajo un esquema de ensayo y error.

El problema que acosa a los dirigentes políticos son las consecuencias sociales de la crisis. Claramente, más allá de los discursos, hasta ahora las medidas adoptadas no dan resultados y empieza a cundir la desconfianza de los ciudadanos hacia las clases políticas.

La salida dependerá de la creatividad de los dirigentes y de los niveles de coordinación necesarios para afrontar el problema en conjunto. Por primera vez los ciudadanos del mundo esperan un mundo con una dirigencia inteligente y unida. Es el desafío. La primera etapa será el 2 de Abril en Londres, cuando se reúna el G-20, aunque por ahora no parecen aparecer caminos creíbles para devolverles la confianza a las personas.

Mientras reine la incertidumbre, el campo está fértil para los liderazgos mesiánicos. No se olviden. Hitler fue un líder emergente de la crisis del 30. No debemos olvidarlo.