Uno de los efectos de la crisis: la renegociación

Contratos, precios de insumos y de materias primas, formas de pagos de servicios, de bienes, impuestos, horas extras y arrendamientos, todos integran la misma bolsa donde se agitan los efectos de la crisis que azota al sector agropecuario.

Contratos, precios de insumos y de materias primas, formas de pagos de servicios, de bienes, impuestos, horas extras y arrendamientos, todos integran la misma bolsa donde se agita uno de los efectos de la crisis: la renegociación.
  
Tratar de obtener beneficios o parámetros económicos acordes son también nuevos vientos que soplan en la grave situación que atraviesa el campo argentino.
  
Egar Ramón Lambertini, presidente de la firma Mainero, fabricante de maquinarias agrícolas, dijo a Noticias Argentinas que "este año no se aplicaron aumentos" porque el sector llegó a la conclusión de que no podían sumarse a ninguna escalada de precios "porque el hombre de campo ha decidido no invertir".
  
"Hemos pedido rebajas de todos los servicios privados para poder capear el temporal", indicó el líder empresario de este rubro, industria que ocupa a 40 mil personas.
  
Según explicó, si bien la empresa mantuvo la dotación de personal, debieron reducir la tercerización. Durante la crisis  de 2001, vendían máquinas agrícolas por debajo del costo para sobrevivir, pero ahora el escenario es de parálisis.
  
"La cadena de ventas ha disminuido un 30 por ciento y hay casos que llegan al 70 como son las cosechadoras y otros implementos estacionales", aclaró Lambertini para quien la consigna en esta crisis es renegociar y "aguantar".
  
Por su parte, desde una doble posición, como intendente de la población agrícola de Inriville, en Córdoba, y titular del gran pool de siembra La Redención-Sofro, Marcos Rodrigué indicó a NA que "en el municipio aportamos 100 millones de pesos en retenciones a las exportaciones con un presupuesto de cinco millones de pesos y con el 60 por ciento de coparticipación".
  
Pero la primera cuota coparticipada de 2009 llegó en enero con la sorpresa de que fue sólo de 46 mil pesos, el 50 por ciento menos que el año pasado.
  
En consecuencia deberán renegocionar los servicios con perjuicios para el poblador porque aumentarán las tasas municipales un 20 por ciento, pero subirán los sueldos un 10 por ciento.
  
El pueblo de Inriville vive del campo y Rodrigué opina que tienen una inflación del 25 por ciento. Según este jefe comunal y empresario, los alquileres agrarios hoy se pactan en porcentaje a efectivizarse en el momento de la cosecha, y hay bajas de hasta el 20 por ciento, pero si el pago es en granos la merma oscila entre el 30 y 40 por ciento.
  
Esta población agro-urbana decidió achicar sus gastos, lo cual es comprensible si se toma en cuenta que han obtenido promedios de 800 kilos de trigo cuando antes cosechaban 4.000 por hectárea.
  
Rodrigué advierte que la suspensión de la tercerización que hace la industria de maquinaria agrícola implica que varias pequeñas fábricas que proveen partes como llantas, sinfines y acoplados están a punto de "despedir gente".
  
"La renegociación implica perder lo menos posible", analizó Rodrigué, que también vaticinó que muchos van a quedar fuera del negocio agropecuario si no buscan formas novedosas para achicar gastos y sostenerse en el vendaval.   
  
El 30 por ciento es la media de renegociación en fletes, servicios y contratos en general, se sabe.