La industria vitivinícola necesita clientes

Ante el avance de la incertidumbre por la crisis internacional, el gobierno y los mismos productores piden soluciones iguales a las pensadas para momentos de exceso de oferta, cuando la crisis actual es una crisis de demanda.

Foto: MDZ
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La industria vitivinícola se acerca a la época del clímax de la cosecha en medio de un panorama cargado de incertidumbre. Y esta incertidumbre cada una la vive en el escenario en el que se mueve. Los productores, en cuanto la precio de la uva, los bodegueros comercializadores, en cuanto a los volúmenes que podrán vender y al mix de precios que podrán conseguir.

El volumen de cosecha hoy no es un problema en sí mismo. Según el primer pronóstico del INV, los volúmenes estarían levemente por debajo de la cosecha anterior, pero, con los sucesos climáticos vividos desde diciembre, es probable esperar un baja un poco mayor, con acento en algunos lugares muy castigados.

En términos normales no estamos ante un problema de oferta, pero claramente estamos ante un problema de demanda, tanto interna como externa. Un primer problema que tenemos en la industria en la demora en la entrega de las estadísticas. Aún no conocemos los datos de diciembre ni el acumulado anual de 2008. En la actual situación, es estar tomando decisiones a ciegas.

Frente a este problema, todas las opiniones pueden tener algo de valor. Algunos bodegueros afirman que se está viviendo un descenso en los valores de consumo de los vinos. En algunos negocios se ofertas vinos “finitos” más baratos que los vinos básicos en envase de cartón.

Otro fenómeno que suele proliferar en estas situaciones es que muchos tratan de mejorar el valor de sus productos saliendo al mercado con sus marcas. Si antes de la crisis ya teníamos más de 2000 etiquetas en la calle, no hay que ser muy estratega para darse cuenta de lo que va a pasar si el panorama no se aclara.

El problema de la demanda impacta sobre el precio de las materias primas. Los que ven al mercado interno, buscan un sostén para el blanco escurrido (vino que es referencial pero que cada vez se vende menos). El gobierno saldría con un programa para apuntalar en 0,85 el litro de este vino y en 1 peso el tinto genérico. El problema son los demás costos de insumos y servicios que llevarían el vino a un precio que lo hace prescindible.

Los exportadores están mirando lo que ocurre en los países competidores partiendo de una base: los dos grandes mercados de nuestros vinos, Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Europea, están viviendo una recesión muy profunda de la cual no saldrán fácilmente.

Y para esto toman un dato que no es menor: la mayor bodega chilena y el principal exportador, Concha y Toro, anunció hace dos semanas a sus proveedores de uva que los precios de las uvas estarían un 30% por debajo de los de la cosecha anterior. Pero como la moneda de ese país se devaluó caso un 40% ante el dólar, esta bodega estaría partiendo de un costo de materia prima del 50% menos en dólares a los costos del año anterior.

Esto plantea un escenario competitivo muy grande, pero algunos jugadores importantes se animan a suponer que en 2009 las exportaciones seguirán creciendo pero a tasas más bajas y con precios similares a los del año anterior, lo que es, desde ya, muy optimista.

Pero cuando uno habla con distintos actores se encuentra con un panorama muy confuso. En mismo día puede encontrarse desde los más optimistas hasta los más pesimistas recorriendo las mismas calles. Todos tienen algo de razón, pero todos tienen la misma impronta: la incertidumbre.

El INV ha decidido anticipar para la semana del 14 de febrero el pronóstico definitivo, y el gobierno plantearía sus ayudas para la misma época. Pero el problema es de demanda. La vitivinicultura argentina necesita clientes y estos dependerán de la profundidad de la crisis internacional.