Crisis financiera: ¿y ahora quién manda?

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En el siglo pasado, las grandes depresiones económicas fueron superadas con líderes fuertes y acuerdos extraordinarios. Ahora, el escenario pone en tela de juicio a los actores protagónicos "naturales", y los países en desarrollo como la Argentina lanzaron una ofensiva para abandonar su tradicional papel de reparto.
 
La pregunta que hoy se hacen los analistas internacionales es si actualmente existen dirigentes con estatura suficiente para capear una tormenta que, además, se presenta bajo los efectos multiplicadores de la globalización.
  
Bretton Woods, Plan Marshall y New Deal forman parte del glosario de soluciones encontradas a los períodos de crisis mundial (o estadounidense con influencia global como en el New Deal). No obstante, existen importantes diferencias entre esos antecedentes y lo que ocurre actualmente.
  
Por lo pronto, no se trata de una reconstrucción física después de una guerra mundial, lo cual lleva a una segunda consecuencia: no hay un ganador y por ende nadie manda.
 
Esta noción se acentúa porque "el que mandaba" ahora parece obligado a compartir su protagonismo por ser factor desencadenante de la debacle y por los cuestionamientos que generó la unilateralidad de la administración Bush.
  
Pero ¿quién dirige? ¿quién ejecuta? ¿Es Obama el Roosevelt del Siglo XXI? ¿Existe hoy un Keynes? O habrá una salida, como pretenden los países emergentes, producto de un gran acuerdo surgido del G20, para inaugurar un mundo más multipolar.
  
La cumbre de países ricos y pobres, versión reducida de la ONU, será entre el 1 y 2 de abril en Londres. Muchos creen que puede ser la oportunidad para salir de atolladero. Otros advierten que la magnitud del problema requiere de mucho más.
 
Los datos que repiten los observadores en cada foro son elocuentes: se espera que las exportaciones mundiales caigan entre un 15 y un 20% en 2009, en gran parte por la retracción de China, que en enero redujo un 43% sus importaciones y un 17,5% sus ventas al exterior.
  
Entre otros muchos indicadores negativos, también se calcula que se destinarán 800 mil millones de dólares menos a los países emergentes por políticas restrictivas de los países centrales.
  
Y ya se habla de que el dinero tóxico, que infectó a todo el sistema financiero mundial, alcanzaría los 3,6 billones de dólares, lo cual hace irrisorios los números del plan de salvataje implementado por Estados Unidos.
  
"Es el poder político el que puede resolver esto. Ojalá podamos ver a Obama ejercerlo. No hay cosa más política que el empleo", sintetizó Felix Peña, profesor de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, durante un panel en el Consejo Argentino de Relaciones Internacionales (CARI).
  
A su lado, el analista económico Raúl Ochoa recordó lo que dijo Obama en su discurso de investidura presidencial: "No se puede hacer nada sin Estados Unidos pero Estados Unidos no puede hacer nada sin los demás". La diferencia es que ahora Estados Unidos está preocupado en alejarse de su precipicio, explicó.

La Argentina

La Argentina forma parte junto a Brasil y México del terceto latinoamericano en el G20. Y las circunstancias han determinado que el discurso kirchnerista solitario de hace cinco años se multiplique ahora en relación a la necesidad de reformular los organismos internacionales de crédito.
  
Lo que algunos dieron en llamar el Bretton Woods II, dado que en esa ciudad, en 1944 nacieron el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, seduce a muchos los líderes políticos, pero con ambiciones muy diferentes.
  
En los últimos días, por citar sólo algunos, se pronunciaron a favor de reestructurar la ingeniería financiera el español José Luis Rodríguez Zapatero, el británico Gordon Brown, el chino Hu Jintao y, obviamente, Cristina Kirchner.
 
"Propusimos políticas anticíclicas, capitalizar los organismos multilaterales por parte de países como China y que sus fondos se utilicen para grandes obras de infraestructura", profundizó Néstor Stancanelli, director nacional de negociaciones económicas internacionales de la Cancillería, sobre la posición argentina.
  
"Pero no todos quieren lo mismo", asumió y completó: "Nosotros estamos tratando de tener la mayor fuerza posible para que esos organismos sean más democráticos y equilibrados".
  
Hasta ahora los países desarrollados dominan la toma de decisiones de esos directorios. Lo mismo ocurre con un órgano central de la ONU, el Consejo de Seguridad, en el que sólo cinco países tienen el estatus de permanentes y pueden vetar cualquier resolución con su sola negativa.
  
Con la premisa de revertir esa ecuación viajará la semana próxima el vicecanciller Victorio Taccetti a Washington a la primera reunión de alto nivel con la nueva diplomacia estadounidense. "Hay que hacer un cambio profundo, esto implica incluir en el liderazgo mundial a países en desarrollo", dijo.
  
Ahora bien, el gran universo de los politólogos internacionales coincide en que la Argentina no tiene peso per se. Por eso necesita fortalecer su alianza estratégica con Brasil, que logró colarse en las grandes ligas. En eso estaban los Kirchner y Lula hasta que la propia crisis parece haberles puesto escollos en su ambición integracionista.
  
El proteccionismo, otro término que afloró con fuerza en estos tiempos de crisis, causa tensiones en la relación. Pero Brasil es el principal mercado para los productos industriales argentinos y viceversa. Habrá que ver si el liderazgo, en Sudamérica también, está a la altura de las circunstancias.