El Gobierno empezará a recoger, a partir de diciembre, indicadores de actividad más que positivos. Algunos de los números de noviembre ya dieron un anticipo de esta tendencia. Pero en varios rubros no será fácil sostenerla.
El ejemplo más fresco es el de la recaudación impositiva. La variación mostrada en el penúltimo mes del año fue de 20,5%, un número que llenó de alegría a los funcionarios porque les permitió quebrar la flojera de los ingresos tributarios, marcada por un promedio anual de 11% . El pico de octubre fue demostrativo: el total sólo mejoró por los ingresos de la seguridad social, ya que por impuestos la comparación fue negativa.
La principal razón de este movimiento fue que un año atrás, la crisis comenzó a pegar de lleno en la caja del Estado, con lo cual la base de la comparación es una de las más bajas del año.
Repasemos el escenario de 2008. A mediados de septiembre, la caída de Lehman Brothers había desatado un vendaval financiero de proporciones. Los inversores se desprendían de todo tipo de activos, especialmente aquellos ligados al sector bancario. Pero en la Argentina, en esas primeras semanas existía un consuelo que duró poco. A diferencia de crisis anteriores, la incapacidad del Estado de tomar deuda en el exterior empezaba a ser percibida como una barrera frente al contagio global. Los bancos locales, por su baja exposición al crédito, tampoco parecían demasiado expuestos. Pero en octubre el Gobierno tomó una decisión que provocó en los inversores un temor mucho mayor al que despertaba por entonces el bajón de Wall Street: la estatización de los fondos de las AFJP.
La afectación de los derechos de propiedad de aquellos que habían aceptado derivar voluntariamente sus aportes al sistema de capitalización fue un duro golpe a la confianza.
A partir de ese momento, comenzó un proceso de salida de fondos del sistema financiero que multiplicó los efectos de la crisis internacional y le quitó más combustible a la actividad económica. Muchos productores de bienes empezaron a sufrir un profundo derrape por la caída de su mercado exportador. Pero el resto de los sectores empezaron a sentir el corte anticipado del financiamiento, con lo cual tanto el consumo como las inversiones empezaron a sufrir un freno progresivo.
Con este contexto, noviembre de 2008 marcó un punto de quiebre para los indicadores de la economía. En el caso de la producción automotriz, por ejemplo, la cantidad de vehículos fabricados cayó más de 30.000 unidades en dos meses. Por eso si las terminales continúan con el ritmo de 2009, cuando llegue diciembre la comparación mostrará un incremento que rondará 100%. No implicará que la recuperación se transformó en boom. Significa que un año atrás estábamos entrando al valle recesivo.
El caso de los autos será el más demostrativo, pero en realidad esta situación se dará en otros rubros industriales, aunque con menor intensidad. En alimentos, uno de los que mostró menor caída, los porcentajes de variación se parecerán a un estancamiento, aunque en el fondo traducen la realidad de un sector que sufrió menos que el resto.
Sin embargo, esta ley no es pareja para todos. Volviendo a la recaudación fiscal, el análisis de noviembre tiene condimentos extras. El principal fue que en las últimas semanas hubo una recuperación del comercio exterior, que permitió que subiesen 21% los ingresos por retenciones (el acumulado de los 11 meses marcó una caída promedio de 14%).
El otro elemento a considerar es que en 2008 fue el último mes en el que las AFJP recibieron aportes (que no entraban en las cuentas de la AFIP), con lo cual la base a comparar era más chica y la mejora más grande.
Cuando llegue diciembre, la mejora difícilmente repita el 20%. Doce meses atrás, el traspaso de los recursos privados a la ANSeS engordó la caja del Estado, con lo cual la diferencia con la recaudación actual no será tan notoria.
La estadística mostrará mejores números para los privados que para el Gobierno. La realidad no será tan lineal.
Fuente: Hernán de Goñi, Subdirector periodístico de diario El Cronista
Hay indicadores con una mejora mayor a la real
El Gobierno empezará a recoger, a partir de diciembre, indicadores de actividad más que positivos. Algunos de los números de noviembre ya dieron un anticipo de esta tendencia. Pero en varios rubros no será fácil sostenerla, según analiza Hernán de Goñi.