Adriano Senetiner, hacedor de vinos con 50 años de trayectoria

El enólogo italiano Adriano Senetiner, hace años radicado en Mendoza, fue el motivo de una entrevista de una publicación nacional especializada en asuntos empresarios. En ella, el fundador de Bodegas Viniterra puso de manifiesto su espíritu tesonero. Aquí la entrevista completa de Clase Ejecutiva de El Cronista Comercial.

Adriano Senetiner, acompañado por su esposa, Cecilia.
Adriano Senetiner, acompañado por su esposa, Cecilia.

Adriano Senetiner posee una vasta experiencia en la vitivinicultura argentina. Desde que llegó al país, colaboró en lo que es hoy una competitiva vitivinicultura de altura que recibe diariamente el reconocimiento desde diversos puntos del Globo.

A continuación la elogiosa nota que realizó la revista Clase Ejecutiva que recientemente ha lanzado al mercado el diario El Cronista Comercial.


“La primavera de un patriarca”



Sobre sus espaldas generosas. Entre sus manos trajinadas. En las venas mismas. En esa geografía única que alberga el alma del enólogo italiano Adriano Senetiner se puede rastrear el ADN de la vitivinicultura argentina del último medio siglo. Fundador de la bodega Nieto Senetiner –que vendió a Pérez Companc en los ´90-, celebra 11 años al frente de un emprendimiento personal, íntimo, a escala humana, como le gusta definirlo. Lo bautizó Viniterra como tributo al concepto de terroir, ese inasible valor diferencial que combina terruño y clima con cultura, tradición y pasión. Conoce de cerca la importancia de la patria chica del vino, Senetiner, llegado desde Parma con 14 años crecidos a la sombra de los viñedos, frutales y trigales.

- ¿Era conciente de lo que implica irse, a esa edad?

No, porque no existía Google (risas). No tenía mucha idea de lo que era la Argentina, tan al sur del continente, ni de las distancias, ni de la cultura. En ese sentido, fue un cambio bastante traumático porque a esa edad ya tenía una historia que dejaba atrás, mis raíces profundas. Pero la generosidad y receptividad del país me permitió superarlo pronto. Pero eso estoy tan arraigado. Claro que también influyó el hecho de que viajé con otros 18 integrantes de mi familia que siguieron a mi padre, un ex funcionario del Ministerio de Relaciones Exterior de Italia que decidió cambiar de aire tras las peripecias sufridas durante la Segunda Guerra Mundial. Antes de elegir el destino, mi padre había hecho una visita previa los distintos centros enológicos. Eso fue importante para mí, que me había criado en la finca de mi abuela, donde conocí de cerca el trabajo agrícola del viñedo.

- ¿Y nunca dudó de continuar vinculado al vino?

Al contrario, me sentí siempre atraído por ese trabajo al punto que, tras recibirme de enólogo en Mendoza, viajé a estudiar agronomía en Italia. Al volver, enseguida me inserté como asesor de bodegas que elaboraban vinos finos a granel para venderle a las marcas tradicionales. Y, tras casarme, tuve la oportunidad de iniciar un proyecto personal junto con otros socios. Así nació Nieto Senetiner, donde recorrí todos los escalones, desde pesador de uvas hasta administrador.

Fueron épocas de un fuerte compromiso con el sector, evidenciando su participación en el Centro de Bodegueros de Mendoza que presidió en los períodos (1976-83 y 1989-92). Se convirtió, por entonces, en protagonista e impulsor de la reconversión tecnológica y la evolución conceptual de las producciones locales hacia etiquetas con identidad y potencial de guarda. Afincado en su bodega de 90 hectáreas en Alto Agrelo (Luján de Cuyo), al pie de la Cordiellera, Senetiner desafía el manual que le augura, a los patriarcas, un apacible retiro otoña.

Está instalado en la cuna del Malbec y, sin embargo, se atreve a apostar por otra uva que no sólo es de alta gama sino que, además, es desconocida localmente y, por si fuera poco, es la cepa de bandera de Chile.

- ¿A qué se debe ese berretín, Senetiner?

Es con una botella de esa uva que conquisté a mi mujer, Cecilia (risas). Siempre quedó en mi recuerdo el Carmenére de Italia, donde actualmente existen apenas 1.700 hectáreas de la variedad. Conoció, tiempo después, su versión chilena, donde alcanzó tipicidad. Y concluí que es una variedad tinta muy interesante para un clima desértico como el nuestro, con la ventaja adicional de que aquí podemos cosecharla hasta tres semanas antes que al otro lado de la Cordillera, donde lo hacen a mediados de mayo dado su extenso ciclo vegetativo. Me pareció un desafío. Y la satisfacción es que ya hemos sido premiados internacionalmente (N. del R.: 91 puntos parkerianos). Ahora, queremos incrementar la producción de 50 mil botellas anuales a 100 mil, pero como recién vamos a plantar este año, tendremos que esperar cinco.

- Es una industria no apta para ansiosos, a todas luces

Definitivamente. Si un financiero viera lo que significa poner en marcha no sólo un viñedo sino también una bodega, el tiempo y el capital que eso implica, ni se le arrima a nuestra industria (risas).

- Cuando vendió Nieto Senetiner tuvo la oportunidad de barajar y dar de nuevo. ¿Porqué volvió a elegir el mazo del vino?

Me di cuenta que los fondos líquidos dan más problemas que cualquier otra actividad. Fue decisivo ver que el papel es papel y lo tangible es tangible. Y como lo único que conozco es la vitivinicultura, decidí que era la mejor opción par mantener el capital ya que ninguna otra actividad me aseguraba que lo pudiera incrementar.

- ¿Se demostró a sí mismo que había capitalizado la experiencia?

Al contrario, cometí más errores que antes (risas9. La anterior la formé y dirigí con un grupo muy estrecho de colaboradores que tenían fidelidad y compromiso con el proyecto. En esta segunda etapa puse el capital y delegué la gestión hasta que, cuatro años después, debí hacerme cargo personalmente. Me di cuenta de que los tiempos habían cambiado, también las personas, pero que la viticultura sigue requiriendo lo mismo: que el dueño esté las 24 horas del día si es posible. No se hacer otra cosa que compartir ideas y discutir sobre el vino.

- ¿Y qué es lo que más le refutan sus interlocutores?

Que soy del siglo XX en cuanto a mi mentalidad empresaria.

- ¿Y eso le pesa más a ellos o a usted?

No se olvida que me desarrollé profesionalmente entre el ´58 y el 2000. Y que mis códigos, forma de administrar y tratar en términos humanos son diferentes. Los que ahora están al frente de las bodegas llevan, como mucho, 15 años en este rubro y tienen otras ideas, exigencias y ambiciones. También menos humildad y más ansiedad. Por eso, muchas veces no se dan cuenta de que se necesitan años para desarrollar un proyecto, pero no años contables.

- El hecho de trabajar con los viñedos, ¿qué te enseño para la vida?

Que somos un hilito que crece desde una estaca hasta que llegamos a la edad productiva. Claramente, los primeros tiempos no son de tanta calidad como a medida que pasan los años. Pero si fuéramos un poco menos ansiosos y más visionarios, veríamos que la madurez es el mejor premio de la espera.