Las proyecciones son complejas pero, a veces, parecen bastante simples.
El mundo espera una recesión global cercana al 2% del PBI mundial. Esto es, una fenomenal recesión, que ya se está sintiendo en los grandes países y, como estos están mal compran menos y si compran menos, los que sufren son los vendedores, entre ellos los países emergentes.
Está claro que nadie puede sustraerse de esta situación y que Argentina no es una isla en la estratosfera como para que la crisis no le pegue.
Este parece ser un panorama sencillo de prever. Y así, viniendo con una inercia de crecimiento cercana al 8% anual promedio, Argentina caerá. ¿cuánto? Es la pregunta del millón.
Ningún analista puede dar precisiones y cuanto se tiran números son estimaciones, por lo que, todas son distintas, lo que aumenta la confusión.
En general, el número promedio que todos manejan es un crecimiento del 3 ó 4 por ciento. Pero si le descontamos 2 puntos de arrastre estadístico, el panorama más optimista estaría previendo un crecimiento del 2% real para 2009.
Pero lo complicado sería 2010, donde podría haber recesión efectiva, con una caída del 1 ó 2 % anual.
La economía argentina no es diametralmente distinta la del mundo y los agentes económicos (consumidores) reaccionan de manera similar a los de todo el mundo. Hoy en Argentina el paradigma dominante es la desconfianza.
Esta la razón por la que todos atesoran dólares, a pesar que la moneda norteamericana ha vuelto a perder valor frente al resto. Pero Argentina es tan particular que este es el único país donde sube el dólar y sube el euro.
Cuando uno habla de crisis ya todos lo miran con cara de “me tenés podrido”. Para demostrarlo, todos tratarán de salir de vacaciones y por lo tanto vamos a tener una temporada turística muy interesante. Si bien caerá el turismo interno, es notable la cantidad de argentinos que se irán al exterior.
De todos modos, y en términos de confianza, habrá que ver el resultado de las medidas de estímulo que anunció la presidenta, a financiar con los fondos del Anses, que fueron saqueados de las cajas de las AFJP a los trabajadores que estaban ahorrando para su jubilación.
Hasta hora, la única respuesta más o menos interesante ha sido el canje de heladeras. El plan de los autos es de dudoso éxito por la limitación puesta para que los destinatarios sean compradores por primera vez de 0 km. De todos modos, en Argentina, nos encargaremos de burlar la limitación.
Y el otro interrogante es el destino de los fondos. En la primera licitación que hizo el Anses, por 200 millones, el 50% fue tomado por el estatal Banco de Córdoba. El resto del sistema financiero, por ahora, ha preferido no participar o lo hace de manera muy limitada. El Banco Credicoop ha sido el primer banco privado en poner a disposición el sistema de financiamiento.
Respecto de las obras públicas se da una paradoja. Todas las provincias han reducido sus propios presupuestos a la espera de los fondos nacionales y la Nación les ha sugerido a todas que hagan contrataciones directas, evitando las “trabas” de la Ley de Contabilidad para poder acelerar.
En realidad, esto que ya lo pide el gobierno mendocino a la legislatura, es un disparate. Está claro que la ley siempre es una limitación para evitar que los gobiernos hagan lo que quieran. La ley es un obstáculo para que cualquier ciudadano avasalle los derechos de sus semejantes. No tiene sentido derogar la ley en nombre de la celeridad cuando lo que está en juego es la libertad.
Nuestros gobernantes son tan ineptos que ahora la excusa para la sub ejecución de las obras públicas es la existencia de la ley. Pero hay un dato relevante: sin ley no hay sociedad que funcione, sin ley no ha República.
Propongo una idea: no eliminemos la ley, eliminemos a los ineptos.
Este “sálvese quien pueda” oficial, que obviamente está destinado favorecer a los funcionarios contratantes y a las empresas contratistas y no a la población, debería ser cuidadosamente analizado por los jueces. Hay muchas cosas más importantes en juego que algunas inversiones.
De todos modos, intentarán dar idea de acción en un año electoral. Solo tienen plata y carecen de ideas, por eso quieren derogar leyes. Finalmente, la recesión no será su culpa sino del mundo.
Todo esto traerá mucho ruido, aumentará la desconfianza, no se recuperará la economía, no habrá inversiones y el ciclo se puede agudizar.
La otra duda se centra en el valor del dólar. La moneda Norteamérica termina en nuestro país a $ 3,50, pero los empresarios piden valores de $ 4,5 y que no aumenten los salarios. ¡Así, cualquiera!
Todos los años de de protección con la moneda sobre devaluada no sirvieron para que ganaran competitividad. Se enriquecieron, pero no reinvirtieron en las empresas.
No se sabe hasta donde cederá el gobierno. Devaluar no le vendría mal porque le serviría para licuar su propia deuda, pero tiene la amenaza de los sindicatos, que ya saben como es el juego y no quieren quedar afuera.
Son muchos interrogantes y pocas respuestas.