Cuando la Reserva Federal de EE.UU. rebajó las tasas a nivel de casi cero, el electo presidente de Estados Unidos, Barack Obama, dijo sin vueltas "Estados Unidos se quedó sin municiones", usando una terminología bélica que los estadounidenses entienden muy bien.
De alguna forma, Obama dio un pronóstico muy certero de lo que puede ocurrir en 2009. Y queda claro que el mundo vive una crisis de confianza que no se soluciona con plata.
Hasta ahora, los bancos centrales han inyectado más de 2 billones de dólares. El Congreso norteamericano autorizó erogaciones del Tesoro por 700.000 millones de dólares y Obama pretende que aprueben, a partir de su asunción, el 20 de enero próximo, otro paquete similar, esta vez por 775.000 millones adicionales.
En realidad, las ayudas a las empresas y a los bancos no han impedido que aumente la tasa de desempleo, que se retraiga el consumo, y que los ciudadanos del primer mundo se hayan puesto mucho más cautelosos a la hora de gastar.
El proceso de recesión en 2009 será inevitable y con él las consecuencias, que pueden traducirse en menor producción, expectativas deflacionarias, menor consumo por mayor desempleo y una batalla mundial por vender, con subsidios cruzados por todos lados.
Hace un mes se reunieron en Washington los representantes del G-20, el grupo de élite de los países desarrollados con la suma de los emergentes que más han crecido, en cuyo seno participa la Argentina.
En dicha reunión se decidieron acciones coordinadas, que implicaban una participación activa de los estados en la economía, con fuertes desembolsos de fondos públicos. Además, se acordó no caer en prácticas proteccionistas y, como consecuencia, reactivar la caída Ronda de Doha de la OMC. Parecía una reunión de reivindicación del keynesianismo más puro.
Sin embargo, desde entonces a la fecha, no se avanzó mucho. Uno de los objetivos era trabajar en nuevas reglas regulatorias de los sistemas financieros y de movimientos de capitales, pero hasta ahora nada se ha hecho, y en algunas reuniones de equipos técnicos no se han conseguido zanjar diferencias profundas.
Esto ya fue advertido por el Fondo Monetario Internacional, que cambió sus perspectivas para el año que viene y vaticina una recesión que podría llegar en forma global al 2% de caída.
Los gobiernos están preocupados por apagar incendios pero no se está trabajando para construir nuevas instituciones. Finalmente, no se sabe si es que no tiene tiempo, no saben, no quieren o no saben como desprenderse de los sistemas actuales.
Estra desconfianza se está viendo en la baja de los precios de materias primas, tanto alimentarias como en metales y el mismo petróleo. Además, subieron tanto por la burbuja especulativa, que ya nadie acierta en saber cuales serían los niveles de quilibrio de los precios relativos. Lo cierto es que la recesión se está sintiendo en Estados Unidos, Latinoamérica, Europa y hasta en China e India.
El futuro de Estados Unidos
Por el peso que tiene en la economía mundial y por el ser el mercado donde estalló la crisis, mostrando las peores deformaciones que ha mostrado el capitalismo, la visión sobre Estados Unidos es inevitable.
Y es inevitable plantearse las expectativas acerca de las decisiones que pueda tomar Barack Obama cuando asuma a partir del 20 de enero. De todos modos, algunas decisiones se vinieron ventilando en cuanto a ciertas prioridades en materia de inversión pública para reactivar la economía.
Las dos áreas a las que el nuevo presidente dará importancia serán nuevas autopistas y obras públicas, además de una fuerte inversión para apoyar el desarrollo de energías limpias alternativas, las que apoyará en los procesos de investigación.
Esta decisión es estratégica en otro sentido. Obama quiere que Estados Unidos, progresivamente, sea menos dependiente del petróleo importado. El nuevo presidente está convencido que el petróleo caro sirve para financiar grupos extremistas musulmanes, pero también alimenta caudillos en países emergentes, como Chávez o Correa.
El proceso será gradual, pero el nuevo mandatario dispondrá de incentivos fiscales para que las mismas empresas mejores sus tecnologías productivas introduciendo aquellas que propendan a un uso más racional de la energía.
Pero los pronósticos no son positivos. Uno de los que advirtió primero que se estaba gestando una colosal burbuja en el mercado de hipotecas y de activos relacionados con el sector de la vivienda fue el profesor de la Universidad de Nueva York , Nouriel Roubini.
Ahora, el experto conocido como el “Dr. Perdición”, asegura que el crecimiento del PIB de EE.UU. será negativo hasta por lo menos fines de 2009, y que la recuperación en 2010-2011 será tan débil (con un crecimiento del producto interno bruto de entre 1% y 1,5%), que se “sentirá como una recesión”. La tasa de desempleo trepará en torno al 9% para el 2009, mientras que los precios de las viviendas podrían sufrir una caída adicional del 15% (ya bajaron un 25%).
Jim Rogers, quien hace dos años anticipó que la burbuja crediticia devastaría a Wall Street, habla de una nueva burbuja, la de los bonos del Tesoro de EE.UU., y subraya que todavía es pronto para invertir en acciones norteamericanas, dado que considera que están caras en términos históricos. Un Dow Jones a 4.000 no es descabellado para este analista.
Pero el interrogante más serio viene del lado de las finanzas públicas. Con las actuales medidas, la base monetaria de Estados Unidos se expandió un 68 por ciento desde octubre pasado. Hay una inundación de dólares frescos recién impresos que, más tarde o temprano, terminarán impactando en los precios de la moneda norteamericana.
Si se devalúa mucho el dólar, como sería previsible, con las bajas tasas, será muy difícil frenar nuevas burbujas. Por esta razón es cada día más importante sentar las bases de un sistema coordinado de instituciones financieras, con estructuras de regulación y de control.
De todos modos, ningún país ni ningún lider se ha puesto a trabajar para que el mundo no sea tan dependiente de lo que ocurra en la economóa norteamericana. Parecería que si Estados Unidos duerme el mundo no funciona, y este es un problema de las clases dirigentes, políticas y empresarias, que trae como consecuencia la desconfianza de los consumidores que ven al mundo como una bola sin manija que nadie puede ordenar.
Como dicen en el barrio, el 2009 está perdido, pero es el año en el que deberían alumbrar las señales para recuperar la confianza de los inversores y de los ciudadanos de todo el mundo. De lo contrario, podremos sufrir varios años más perdidos por estar desorientados y sin reglas claras y creíbles.