Hace dos años, cuando se conocían los datos de la inflación del año 2006, ya era visible una aceleración de proceso inflacionario causado por errores de diseño en las políticas cambiaria, monetaria y fiscal por parte del gobierno de Néstor Kirchner.
El gobierno también se dio cuenta y puso al mando de la secretaría de Comercio a un personaje siniestro, Guillermo Moreno, un fiel soldado de la causa, con el fin de bajar la inflación.
El método de Moreno fue desempolvar las peores experiencias en la materia acumuladas en la historia de las inflaciones argentinas. El control de precios (al que no se le llamó control), con la exigencia de pedir autorización antes de cada aumento, justificando estructuras de costos que, por supuesto, eran objetadas por los técnicos “morenistas” comenzó a asolar a las empresas.
Pero como el control no funcionaba, Moreno tomó la decisión (con la autorización presidencial) de corregir los índices. Desde abril de 2007, tomó el control del INDEC, comenzó a desplazar funcionarios y a cambiar la metodología. Incluso, violó secretos, al pedir los nombres de los informantes de los precios, para amedrentarlos.
Mientras tanto, Moreno se reunía con empresarios con el objeto de amenazarlos, lisa y llanamente, llegando a poner una pistola arriba de su escritorio “para que conozcan su método”. Moreno no podía bajar la fiebre y quería alterar los termómetros o romperlos.
¿Porqué tanta desesperación? Había dos razones. Por un parte, un año electoral. Por el otro, el impacto de los índices sobre el CER. Este índice había sido inventado por el ex ministro Lavagna y es un indexador de los bonos que fue introducido para darle confianza a los compradores y a los que debían decidir su ingreso al canje de la deuda en default. El ex funcionario creía que sus políticas no serían inflacionarias.
La manipulación de los datos del INDEC se empezó a notar con los índices de mayo de 2007, pues comenzó a aparecer una notoria diferencia con los de las provincias de Mendoza y San Luis. Tal era la diferencia que, rápidamente, los técnicos comenzaron validar las cifras de estas provincias y desconocer las de Moreno.
La situación era tan grosera que actuaron políticamente. Básicamente, le dieron la orden a Julio Cobos de no publicar más los datos de Mendoza, y como el gobernador era candidato a vicepresidente, debió aceptar la “sugerencia”. Posteriormente, el nuevo gobernador, Celso Jaque, decidió, directamente, que la provincia no procese más esa información “para evitar confusiones”
Mientras el INDEC de Moreno dice que la inflación llegó en 2008 a 8%, las estimaciones privadas calculan un rango entre 23 y 25%. Los argentinos, que los sufren a diario, se sienten más identificados con estas cifras que con las oficiales.
La desconfianza y falta de credibilidad en la información oficial ha generado un caos, que alimenta más la inflación. Al no haber datos confiables, las empresas y personas, para efectuar aumentos calculan sobre índices privados y, por las dudas, toman los más altos, lo que realimenta la inflación por falta de información confiable.
El remedio fue peor que la enfermedad. Se perdió la brújula. Cada uno trata de sobrevivir como puede. Nadie le cree al Estado. Nadie le cree al gobierno. Se destruyó la confiabilidad en el sistema de información pública. Y la inflación se mantiene vigente porque siguen los errores de política cambiaria, monetaria y fiscal, con el agregado de la desconfianza.
Es el fin de una mentira. Peor no lo podrían haber hecho.
Inflación: otra mentira kirchnerista
La disparidad entre índices oficiales y estimaciones privadas han generado una grave crisis de credibilidad sobre la información pública, realimentando el proceso inflacionario.