Dicen los que saben que las crisis implican siempre una oportunidad, sólo hay que saber verla para aprovecharla. Para el gobierno argentino, la actual crisis financiera global implica una gran oportunidad, que se le presenta como dos caminos posibles a seguir en el discurso presidencial (no sería tanto una oportunidad “para hacer” como una oportunidad “para decir”, de las que le gustan a nuestra presidente).
El primer camino que podría transitar Cristina Kirchner es culpar a la crisis externa de todo lo malo que hoy le pasa a la Argentina (más inflación, menos actividad, más pobreza). Esta primera alternativa implicaría que el gobierno reconoce que el país tiene lazos fuertes con el resto del mundo y que lo que sucede allá tiene efectos muy rápidos acá.
Si bien es una tentación para el discurso, creo que la presidente no va a ir por ese lado, porque reconocer que lo malo que hoy sucede afuera nos afecta mucho, implicaría también reconocer que todo lo bueno que sucedió entre 2003 y 2007 (tasas bajas, precios de commodities altísimos) también nos ha afectado, con lo cual el gobierno se estaría restando buena parte de los méritos que se ha adjudicado en todo este lapso.
El segundo camino posible, también tentador para el discurso, consiste en que Cristina se alegre porque gracias a la política económica K estamos “aislados” del resto del mundo y eso nos protege de la ola desvastadota. Esta otra opción implica reconocer que Argentina ha cortado sus lazos con el mundo y suponer que eso la deja “blindada” ante las inclemencias de la tormenta. La presidente ya ha dado muestras de que este camino le gusta más y ha empezado a modelar su discurso en este sentido.
Precisamente la semana pasada, ante los industriales (en el festejo del Día de la Industria) sostuvo que Argentina está aislada de la crisis externa porque “no hay que financiar ningún déficit fiscal”. Esto es un error conceptual que muestra que la presidente o bien no entiende cómo funciona la economía y cuáles son las vías por las cuales las crisis externas nos afectan, o bien lo entiende pero busca engañar a la gente respecto del tema. En ambos casos, tratándose de la presidente, sería muy grave.
Este error de concepto es pariente cercano de otra confusión a que nos han llevado en estos días algunos analistas que, con cierta ligereza, han opinado que los argentinos (no sólo el gobierno, sino también las empresas) no sentirán la crisis porque “ya desde hace un tiempo no hay financiamiento del exterior”. Con este razonamiento se desconoce que las situaciones de crisis externas a un país pueden hacer que un financiamiento nulo para una economía se transforme en financiamiento negativo, esto es, salida de capitales. Argentina sabe mucho de esto y no pocas veces lo ha sufrido, por lo cual no veo porqué hay quienes no lo consideran posible (simplemente pensemos que si en estos días hemos ido a comprar dólares o euros, hemos contribuido a ese financiamiento negativo, porque hemos “fugado” capitales del sistema).
Volviendo al discurso, la primera mandataria se basa para decir lo que dice en que algunos de sus asesores le señalan que Argentina no va a sentir la crisis porque hoy no necesita que le presten plata para financiar desequilibrios fiscales. Pero esto no es cierto, porque mira solamente la mitad del cuadro. O sus asesores no saben, o le mienten, o le dicen la verdad pero la presidente no les cree. En cualquier caso, tratándose de la presidente, sería muy grave.
Lo cierto es que el problema de la solvencia fiscal no abarca solamente el hoy, sino también el mañana. No solamente debe analizarse el problema fiscal mirando los flujos de ingresos y egresos que tenemos hoy (lo cual nos da una idea del déficit o superavit) sino también los stocks de deuda que tenemos que pagar (o refinanciar) mañana.
Usted tenga por seguro que si va a un banco a pedir dinero y les dice que gana $1.000 y gasta $950 (y así obtiene un superávit mensual de $50), el banco no se va a quedar satisfecho. Antes de darle un peso, le va a preguntar dos cosas: en primer lugar va a querer saber si ese excedente ($50) que usted dice tener va a mantenerse en el tiempo o si puede estar en riesgo y en segundo lugar va a interesarse por conocer si usted tiene otras deudas que afrontar.
No sería lo mismo para el banco que usted le dijera que esos $1.000 provienen de un sueldo estable que tiene todos los meses, a que confesara que proviene de fuentes de menor estabilidad como changas, ventas a comisión, etc. Tampoco sería lo mismo para el banco si usted no debe un peso a nadie que si descubre que tiene una deuda de $10.000 a la cual debe hacer frente en los próximos meses. Si de ese análisis “más profundo” resulta que su superávit de $50 es inestable y que sus otros acreedores pronto estarán golpeando a su puerta, difícilmente el banco le preste, aún cuando a usted le hayan sobrado unos pesitos en los últimos meses.
Con esta idea de “hoy y mañana” es que debe analizarse el problema fiscal y evaluar si la crisis lo afecta o no. Entonces, no es correcto que la presidente diga que no necesitamos dinero porque tenemos superávit, ya que antes de afirmar tal cosa, debería contarnos otras cosas que completarían el cuadro:
1) Que el actual superávit fiscal tiene algunos “dibujos” que lo hacen aparecer como mayor de lo que en es realidad: se han computado como ingresos algunas remesas que el BCRA le pasó al gobierno en los últimos meses y que no son permanentes y no se han computado muchos gastos que el gobierno se demora en pagar (pero que se van devengando) como remesas de coparticipación a Provincia y certificados de obras públicas.
2) Que el actual superávit, será muy difícil de mantener en el futuro. Es así porque hay varios factores que le juegan en contra: la actividad de la economía se frena (lo cual frenará la recaudación de IVA y Ganancias, las dos principales fuentes de ingresos fiscales), los precios de los commodities se estabilizan y caen en el mundo (eso afectará a la recaudación de retenciones), el crecimiento del gasto público será muy complicado de frenar en una año electoral como el 2009, la movilidad jubilatoria será una fuente adicional de gasto si se aprueba, los subsidios a Aerolíneas se sumarán a los que ya existen para energía, transporte y alimentos, los gastos de obras públicas que se han retrasado en estos seis meses deberán sincerarse con los contratistas, etc.
3) Que el actual superávit (que tiene “dibujo” y disminuirá en el futuro) no alcanza para hacer frente a los cuantiosos pagos de deuda que tendremos que hacer en 2009 y 2010. Varios analistas han hecho cálculos al respecto y si bien hay diferencias, en general se puede concluir que Argentina necesitará en 2009 financiar un brecha (diferencia entre los intereses y amortizaciones de deuda que debe pagar y el superávit que, en forma realista, puede generar) de 7.000 a 8.000 millones de dólares. Otro tanto ocurre con 2010.
Entonces, la verdad es que el gobierno argentino necesita financiamiento para los años que vienen. O por lo menos va a necesitar que los acreedores le refinancien algunas deudas, que en definitiva sería como volver a prestarnos. Y aquí es donde entra la crisis financiera internacional como una pésima noticia, ya que será muy complicado encontrar quién esté dispuesto a prestarnos, ya que los gobiernos estarán preocupados por resolver sus problemas financieros internos y los privados querrán poner sus fondos durante un tiempo en alternativas “superseguras”. Esto significa que la crisis afectará al gobierno argentino, restringiendo severamente las posibilidades de acceder a dinero fresco en 2009 y 2010 para poder “seguir pateando la pelota hacia delante”.
Pero también hay que ser sinceros y reconocer algo: la crisis financiera internacional no tiene la culpa de todo. Los argentinos nos dejaríamos engañar infantilmente si nos creemos la historia de que el problema de solvencia fiscal del gobierno (en particular, la virtual huida de quienes pudieran prestarnos o quisieran refinanciarnos) se debe a la crisis.
Debemos tener en claro que antes de que la crisis cobrara esta dimensión, el panorama ya era muy complicado, a tal punto que el mismo gobierno tomó la desesperada e inesperada decisión de pagarle al Club de París con reservas para poder reabrir el diálogo con potenciales prestamistas. Y a tal punto que ahora tiene también intenciones de hacerles “alguna propuesta” a los acreedores que quedaron fuera del canje de deuda (los holdouts) y que fueron dejados de lado sin miramientos.
Visto esto, ahora estamos en una situación complicada: se hizo la propuesta de pagar, el Club de París la aceptó y aquel efecto deseado (encontrar financiamiento para poder seguir dando rienda suelta al gasto público ante las elecciones 2009) no ocurrirá, porque la crisis nos volvió a cerrar las puertas del mundo financiero (allí vemos su impacto, el que dicen que no tiene). Pagaremos por anticipado para no obtener nada a cambio. Usted se imagina lo difícil que es esto de “vender” políticamente y cómo seguramente lo aprovechará la oposición.
Lo que me preocupa, más allá de quién aproveche políticamente esta delicada situación, es que la presidente nos cuente sólo la mitad de la historia. Que nos diga que la crisis no nos afecta porque el gobierno “tiene superávit”. Me preocupa porque eso muestra que la presidente, o bien no conoce la historia completa, o bien la conoce pero nos oculta una parte. Y en cualquiera de los dos casos, tratándose de nuestra presidente, es grave.