Aires nuevos para seguir creyendo

La experiencia del diálogo con el grupo de empresarios jóvenes permitió descubrir personas con verdadero espíritu emprendedor, que rescatan la necesidad de recuperar valores para permitir integrar a la sociedad.

Foto: Gerardo Gómez /MDZ
Foto: Gerardo Gómez /MDZ

Nuestro primer After Office fue una experiencia muy interesante por la actitud que mostraron los invitados. Siempre dispuestos a aportar ideas, haciendo silencio para escuchar a los demás, buen humor y hasta creatividad para las bromas o las ironías.

Salvo Yaccopini, el resto de los asistentes había pasado por alguna experiencia de tener contacto con inversores y contaron muchas de sus experiencias.

Más allá del anecdotario, fue muy interesante la experiencia que obtuvieron, la claridad que adquirieron para entender los requerimientos y admitir, que lo mejor es trabajar con cuentas claras, ya que es la única forma de abrirse paso.

También resultó interesante escuchar sus posturas referidas a temas públicos. Mientras Flamarique reclamaba "claridad en los planes de gobierno", Caselles hacía hincapié en la necesidad de la articulación público-privada. En este caso, el hombre de la informática decía que  "hace falta dialogar con humildad, con ganas de escuchar las razones del otro, con la buena intención de construir entre todos y no de imponer".
 
Hubo varios temas destacados que surgieron en la charla. Uno de ellos es el relacionado con el costo argentino: La sensación general es que se sienten solos porque tiene que remar con la incertidumbre propia de su negocio que es lo lógico de un empresario,  pero además con la imposibilidad de contar con bases ciertas para pronosticar el futuro.

La situación de incertidumbre hace que no puedan pronosticar sus ventas, les cuesta calcular los costos, no acceden a financiamiento y a pesar de su talento están en desventaja con sus similares de otros países más serios.
 
Para los que se animaron a competir en el mundo, el país no ayuda por su mala imagen internacional. Dos de los empresarios contaron que tuvieron que armar empresas en el exterior para poder recibir inversiones y socios.

La mala fama de la Argentina, y también de muchos empresarios, genera un problema para los que con seriedad quieren incursionar en los negocios internacionales. Además, desde el punto de vista macroeconómico es muy grave, no solo para ellos sino para toda la sociedad. Al final del día se pierde riqueza y creación de valor. 

Los cuatro empresarios jóvenes revelaron tener interés por los temas de lo público, pero no encuentran la forma de canalizarlo pues se sienten alejados de la política. Algunos encuentran en la Responsabilidad Social Empresaria el lugar donde canalizar sus inquietudes.

Un tema muy interesante fue el de los recursos humanos.  Hubo una coincidencia importante: la falta de capacitación de los que buscan trabajo. Esto es una limitación para el propio desarrollo.

También hubo actos de sinceramiento y hasta de cierta crítica a la forma en que las empresas tradicionales tratan a sus empleados. Uno de ellos lo ejemplificó diciendo que “algunas empresas les ofrecen a los futuros empleados una relación de amor eterno y luego solo les terminan dando una de sexo casual”.

Ante este panorama, todos coincidieron en la necesidad de tener una política sana de recursos humanos en la empresa que establezca lazos ciertos con el personal.

En realidad, hablar con ellos, escuchar sus argumentos y razones resultó satisfactorio. Los emprendedores jóvenes son como una bocanada de aire fresco en una sociedad tan deprimida y en un país donde hay un viejo sector empresario que no es apreciado por el resto de la sociedad.

Además, su espíritu emprendedor es contagioso. Porque, más allá de reconocer las dificultades por a las que deben enfrentarse, están dispuestos a seguir apostando por sus creencias y a asumir riesgos por ello. Los cuatro invitados abogaron por un mayor desarrollo de Mendoza, pero están dispuestos a seguir apostando por la provincia, más allá del lugar en que desarrollen sus negocios.

Estos ejemplos de gente activa, sana, trabajadora, no frívola y emprendedora, que además no busca prebendas sino competitividad genuina,  pueden ayudar a reconciliar la sociedad con el sector empresario. Un cambio cultural importantísimo que permite abrigar esperanzas en medio de tantas pálidas.