¿Un nuevo modelo económico?

Con el objeto de mantener su heterodoxia, el gobierno tomará medidas que parecen ortodoxas para tratar de corregir algunas cosas, con la intención de mantener sus variables básicas. Pero, en principio, esta mezcla sólo puede generar menor actividad y mayor desempleo sin corregir la inflación.

Las previsiones con las cuales el gobierno de Cretina Fernández de Kirchner está enviando al Congreso las pautas del Presupuesto 2009, contienen una serie de condimentos que podrían hacer pensar que el gobierno está frente a un cambio de modelo, quizás algo más ortodoxo.

Los pilares del modelo actual se basaron en tener la moneda devaluada, con el objeto de asegurarse un fuerte superávit comercial y, a la vez, sostener un proceso de sustitución de importaciones. Además, el modelo preveía tener un superávit fiscal no menor a 3% del PBI y un fuerte impulso a la demanda interna de manera de sostener un elevado nivel de actividad.

Si bien nunca fue declarado como tal, el otro elemento vital para que funcionara el modelo inaugurado por la dupla Eduardo Duhalde-Roberto Lavagna y continuado por Néstor Kirchner, suponía la ausencia de inflación para poder mantener dichas variables.

El sistema, con muletas, funcionó hasta 2006, pero en 2007, con el alza de los precios internacionales y la devaluación del dólar, sostener el modelo implicó fabricar inflación.

Entre la emisión monetaria para comprar divisas, para sostener el tipo de cambio alto, los subsidios para evitar que los precios internacionales se trasladara al mercado interno, el aumento del gasto público y la convalidación de pretensiones salariales de los gremios, por encima de la productividad de la economía, desataron el problema inflacionario.

Entre 2007 y 2008 la inflación real (no la inventada) se comió la ventaja cambiaria, aumentan las importaciones, disminuyen las exportaciones (salvo granos) y con ello cae el superávit comercial. Por el lado fiscal, el gobierno hecha mano a recursos no presupuestarios para tratar de mantener el superávit primario, como las utilidades del Banco Central.


Las nuevas pautas que no cambian nada

Lo que algunos ven como medidas más ortodoxas no son más que manotazos de ahogado para tratar de sostener la heterodoxia, aunque con algunos condimentos interesantes que, sin duda, vana  confundir.

Uno de ellos es el tipo de cambio, donde el gobierno marcha a contrapelo de la lógica y de su propio modelo. La lógica indicaba que había que dejar que el tipo de cambio evolucionara conforme a lo que ocurre con el mercado internacional de divisas, como hicieron la mayoría de los países.

Sin embargo, cuando el dólar se devaluaba, aquí devaluábamos más la moneda y, como se trataba de mantener una especie de cambio fijo alto, lo que se conseguía era importar inflación, porque todos los bienes medidos en dólares aumentaban sus precios.

Sin embargo, y por el conflicto con el campo, el gobierno decidió intervenir en el mercado para revaluar el peso, y ahora que el dólar se revalúa en el mundo y se podría dejar que la moneda nacional se devalúe sola sin necesidad de devaluar, el gobierno impide ese proceso vendiendo reservas y sacando liquidez al mercado. A la inversa del proceso anterior, el tipo de cambio fijo revaluando la moneda cuando el dólar a su vez se revalúa, lo que consigue es importar recesión.

Aparentemente, la decisión del gobierno es no permitir que se devalúe la moneda para evitar efectos inflacionarios, pero la inflación la generan con los subsidios y gasto elevado, por lo que, de una política expansiva en materia de actividad y con fuerte superávit, nos debemos preparar para menor superávit, más importaciones y menor nivel de actividad.

Si permitieran que el peso se devalúe naturalmente por la apreciación del dólar a nivel mundial y bajan los subsidios, se podría evitar una caída fuerte del nivel de actividad ya que la misma se sostendría, en principio, por la vía de las exportaciones, pero si cerramos esta puerta, la consecuencia más grave será un aumento del desempleo, ya que le mercado interno no tendrá la fuera suficiente como para sostener los actuales niveles de ocupación.