Las variaciones registradas en la Argentina en cuanto a temperaturas mínimas y precipitaciones, vinculadas con el cambio climático global, favorecen el cultivo de soja.
Las variaciones del cambio climático registradas en la Argentina como el aumento de la temperatura mínima y de las precipitaciones de primavera y verano convienen a la soja", confirmó la doctora Graciela Magrin, coordinadora del capítulo sobre América Latina del informe adoptado por el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, creado por la ONU.
"Estoy en contra de que se haga el monocultivo de soja, pero los cambios que estuvieron pasando favorecieron más que nada a la soja y los que se producirán en el futuro también la beneficiarán", explicó la experta internacional a Noticias Argentinas.
Desde su perspectiva, el panorama es complicado porque la Argentina tiene un gran potencial de productividad, está bien ubicada mirando los próximos años no muy lejanos, pero por otro lado corre severísimo riesgo de degradar el ambiente", señaló.
"Todas las cosas tienen un valor y hay que saber dárselo. Se prevé que el 50 por ciento de los suelos cultivados sufrirá procesos de salinización y desertificación", advirtió la experta que trabaja en cambio climático y el impacto sobre la agricultura desde el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).
Según el diagnóstico que comparte con sus colegas, en la región pampeana hubo un aumento de productividad en todos los cultivos debido básicamente a la introducción de tecnologías y mejoramiento genético.
"Sin embargo hubo un factor climático que fue muy importante y nosotros en un estudio separamos el efecto del clima de lo introducido (por el hombre) y pudimos ver que el aumento de lluvias en primavera y en verano favorecieron de manera importante al maíz y a la soja", reiteró a NA.
Luego de reconocer que los cultivos de invierno como el trigo quedaron perjudicados, coincidió en que "a la soja le gusta la temperatura mínima alta, la que también aumentó".
El maíz también mejoró sus rindes favorecido porque hay más precipitacines en el momento de la floración. El cambio climático además mejoró la productividad de los forrajes ganaderos y se expandió la frontera agrícola de manera espontánea.
Al subir mucho la temperatura mínima de invierno "tuvimos beneficios" pero "ya hubo perjuicios" porque los "cultivos de invierno de la región pampeana, que tenían una potencialidad más alta en la década del ’50 y que son de clima templado, están afectados porque se les redujo la cantidad de horas de frío que necesitan para desarrollarse y tener productividad", advirtió además.
También aparecieron enfermedades asociadas al cambio climático y provocadas por bacterias y hongos.
La sequía actual no cuenta en el análisis porque es un "episodio" aún cuando jaquea al trigo 2008-2009 y contribuyó a disminuir la producción de soja en un millón de toneladas respecto del año anterior: "la diferencia que hay entre un año y otro se llama variabilidad climática", explicó.
Optimista, la doctora Magrin considera que "no se reducirá" la producción granera argentina porque la "genética termina ganando pero la gente está luchando contra dos cosas: mejorar la planta y contra el efecto contrario que le está haciendo el clima".
Magrin dijo en Bruselas (Bélgica) que Africa será uno de los sitios más vulnerables, pero América Latina será una región muy afectada también por el aumento en la frecuencia de eventos extremos y la elevación del nivel del mar.
"En el futuro muchos glaciares habrán desaparecido", alertó hace unos meses, y el hecho de que el glaciar Perito Moreno comenzó a quebrarse en las últimas horas, y en invierno, cuando siempre fue en verano, parece darle la razón.
El cambio climático favorece a la soja
Una buena para el cambio climático global: es una ventaja para el cultivo de la soja. El aumento de la temperatura mínima y las precipitaciones de primavera y verano convienen para la productividad de este alimento. Las variaciones fueron presentadas en un panel creado por la ONU,.