La actividad económica, cada vez más nerviosa

"Está claro que los miedos convergen en dos puntos centrales: ¿se solucionará la crisis del campo? Y el segundo, ¿cómo seguirá la incipiente espiral inflacionaria? Como dijo hace poco un conocido consultor económico, en ambos casos el problema no es la enfermedad sino el médico".

Si bien no hay datos oficiales -INDEC mediante, quizá nunca los haya- es claro que en el último mes está cambiando el clima de la actividad económica en Argentina y en Mendoza.
 
Empresas que sientan sobre la caja; es decir que empiezan a alargar o postergar los pagos a sus proveedores, quienes a su vez se ven obligados a repetir la bicicleta con otras empresas. Gerentes financieros que se preguntan si no es conveniente empezar a comprar dólares para cubrirse. Falta de dólares y euros físicos en el mercado minorista.  Informes reservados de consultoras que advierten sobre una tasa de inflación proyectada del 30% anual. El ingreso disponible de los asalariados disminuyendo consecuentemente con el aumento de los precios y que ya comienza a afectar los niveles de venta de algunos sectores minoristas.
 
Son varios y diversos los comportamientos que muestran esta especie de enrarecimiento del clima económico. Peor aún, todos tienen una raíz común: el temor por lo que pueda suceder en los próximos meses en la economía argentina.
 
Claramente, hay temor sobre los efectos negativos que podría tener una mala resolución de la crisis del agro en la estabilidad política, e incluso en la situación del mercado cambiario si en algún momento faltara la oferta de dólares que genera el campo. También hay una enorme preocupación por la manera en que la inflación se está acelerando en los primeros meses de  2008. La respuesta política del gobierno de Cristina Kirchner y su marido, exacerbando los conflictos y las diferencias, actuando a veces al borde de la irracionlidad, lejos de la inteligencia política que les permitió construir su poder, son variables que también afectan la necesaria estabilidad que requiere el mundo de los negocios.
 
Está claro que los miedos convergen en dos puntos centrales: ¿se solucionará la crisis del campo? Y el segundo, ¿cómo seguirá la incipiente espiral inflacionaria? Como dijo hace poco un conocido consultor económico, en ambos casos el problema no es la enfermedad sino el médico.
 
Básicamente, porque no se explica que haya una crisis del campo en un país agropecuario que tiene excelentes precios internacionales y ventajas comparativas enormes. Algo de sentido común y políticas de largo plazo deben permitir mantener la rentabilidad e inversiones del sector sin que ello afecte la mejora en la distribución del ingreso.
 
¿Cómo entender también la crisis inflacionaria en un país con superávit fiscal y un mercado cambiario donde sobran dólares y la tendencia de la moneda americana es bajista? El simple análisis de las experiencias de los países exitosos muestra que es perfectamente posible sostener altas tasas de crecimiento con muy bajas tasas de inflación.
 
Solamente los crecientes horrores de una política económica que atrasa 40 años pueden haber conseguido el milagro de poner en riesgo la estabilidad con una situación fiscal y externa sólida y con precios internacionales excelentes.