El conflicto entre todos los sectores del campo argentino y el gobierno nacional es uno de los puntos centrales para explicar la acumulación de riqueza de la Casa Rosada en detrimento de las provincias. Las nuevas retenciones a la producción de soja ponen en manifiesto el deseo oficial de que aquellos grupos empresarios por el marco económico internacional aporten parte de sus riquezas a una distribución más justa. Sin embargo, ese plan carece actualmente de la segunda etapa; tal vez la importante: volcar en obras y servicios el dinero que por el momento se amontona en las arcas del Tesoro Nacional.
En la vía
Las rutas nacionales se convirtieron en autopistas de la muerte. La cifra de víctimas en accidentes de tránsito sigue aumentando; en parte por imprudencia de los conductores y en parte de la desidia del Estado, que no se encargó ni de los mantenimientos ni de los controles necesarios para aquellos tramos concesionados.
En su lugar, se anuncia la instalación de un tren bala y se deja de lado la función social del ferrocarril; aquel servicio que unía a cientos de pueblo que parecieron poner cartel de “cerrado” cuando, durante los ’90, los ramales que pararon fueron los ramales que cerraron, según la profecía cumplida del ex presidente. Y se postergó para vaya a saber cuándo el proyecto del tren Trasandino.
Durante los últimos meses ocurrieron hechos que sirven como ejemplo de las ideas que, desde el kirchnerismo, quieren convertir en reglas del mercado. Son episodios manifestados en diferentes áreas, pero con un mismo escenario político. A saber: campo, transporte, inflación, salarios, acuerdos empresarios, política social y política energética.
Lo que queda del granero
La producción de soja se convirtió en la "niña bonita" de la economía argentina. Por eso el ministro de Economía, Martín Lousteau, entendió que, una vez más, la fuente de ingreso estaba en ese sector. Y aplicó medidas similares a las impuestas a los lácteos y a la carne. La incógnita es cómo repercutirá esta situación en el mercado interno, y si habrá una merma como la registrada con la producción de carne.
¿El resultado? Una mayor recaudación por retenciones, pero menor en conceptos impositivos, como el impuesto a la Ganancia, cuyo ítem forma parte del dinero que pasa al reparto coparticipativo entre las provincia. De esta manera, la ecuación se traslada a la realidad: un gobierno central rico y provincias pobres.
Esta situación obliga a los gobernadores a alinearse a las disposiciones presidenciales. De esa simpatía dependerán los capitales que serán girados –o no- para poder solventar los gastos públicos, que se presentan deficitarios en las principales provincias. Por ejemplo, Buenos Aires tiene estimado para marzo un presupuesto descubierto por tres mil millones de dólares.
Sin pilotos
El mendocino Rodolfo Gabrielli, actual titular de la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC), debió interceder en el conflicto que el personal de Aerolíneas y Austral mantienen con la empresa. Lo hizo de la única manera con la que el gobierno suele poner paños fríos a estos reclamos: un subsidio. Y así logró que los empleados –con los pilotos con estandartes- decidieran llevar adelante una medida de fuerza que causara aún más trastornos a la ya desprestigiada aviación comercial argentina.
De este modo, es posible mantener activas empresas que son deficitarias. Las tarifas aéreas -caras para el ciudadano argentino medio- resultan una ganga en el contexto internacional. Es el marco ideal para los turistas extranjeros de vacaciones en nuestro país, aunque deben lidiar con los constantes problemas de impuntualidad, vuelos suspendidos o riesgos de huelga que imposibiliten cumplir con las agendas trazadas.
La tendencia, para contrarrestar estos trastornos, es juntar grupos empresarios del interior del país para darle forma a nuevas líneas aéreas que operen las rutas entre provincias. Uno de esos casos es el de Ricardo Lasmartres, quien busca unir Cuyo con Córdoba y Buenos Aires y ser la alternativa a Aerolíneas y Lan, aunque su proyecto en Mendoza no recibió el visto bueno con la rapidez que el empresario esperaba. Y debió resignarse ante la imposibilidad de poder tener un diálogo personal con Julio Cobos cuando era gobernador.
Y más subsidios
Transporte público de pasajeros que reciben fondos provinciales y nacionales; empresas y cooperativas de servicios públicos que "mantienen" sus tarifas a partir de los aportes estatales; planes sociales que mantienen su estructura clientelar a pesar de la recomposición salarial de los últimos cinco años, y subsidios para mantener el precio de los combustibles forman una estructura que será difícil mantener en el tiempo. Sin embargo, el dinero para conformar a todos no será eterno.
Es la gran apuesta de la Nación, cuya cabeza visible es el controvertido secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. Es el funcionario de choque que tiene el kirchnerismo para llevar adelante las negociaciones con los empresarios y ejercer la presión política con la que el Estado pretende regular las leyes de oferta y demanda.
El arma preferida de Moreno es el índice inflacionario. Su gestión se encargó de desprestigiar al Instituto Nacional de Estadísticas y Censo (Indec) y manipular los indices de inflacion. Y provocó que exista un descreimiento total acerca de los números que se informan mensualmente. Nadie cree que la inflación real sea la establecida por el gobierno; sobre todo, porque las góndolas de los supermercados, a ausencia de ciertos productos y marcas, y las boletas de servicios demuestran lo contrario.
Moreno es la cara de un Estado-policía, que castiga a quien no se encuadra dentro de los planteos propuestos desde la Casa Rosada. Un ejemplo: la persecución que sienten desde Petrobras luego de que el presidente brasileño Lula Da Silva no llegara a un acuerdo para conceder el suministro de gas que Argentina pretendía. O los acuerdos de precios a los que, por miedo, firman obligados los empresarios y comerciantes. Son convenios que la mayoría de las veces resulta imposibles cumplir y sólo permiten genera el espacio propicio para la aparición de especuladores.
De salarios y amistades
La relación entre gremios y gobierno fue, históricamente, el reflejo –macro- de la relación entre empleados y empresarios. Una puja constante entre los primeros, que buscaron el ideal de “igual remuneración por igual servicio prestado”, contra el objetivo de los segundos por bajar los costos de producción y aumentar las ganacias.
A partir de este antecedente, la foto de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner con el líder de la CGT, Hugo Moyano, hizo ruido. Porque el acuerdo salarial al que llegó el representante de los camioneros no sólo distó de la inflación contemplada por el gobierno, sino que fracasó en su plan de ser el parámetro de negociación de los trabajadores de las diferentes áreas y dejó al descubierto la caída que tuvo el poder adquisitivo en Argentina.
Sólo un poco de energía
En los últimos dos años las promesas se repitieron: no faltará energía. En verano, esta idea apunta al consumo eléctrico. En invierno, al gas. Es la manera retórica de espantar a los fantasmas de una crisis originada por la falta de planificación, de inversiones y de la puesta en marcha de obras clave para evitar sobresaltos.
La experiencia demostró que las promesas fueron efímeras. El sector industrial sintió sus recortes, las estufas no lograron calentar en duro invierno del año pasado y la escasez de combustibles derivados del petróleo es un hecho. Como si fuera poco, Bolivia ya no es un proveedor de gas confiable y la solución parece apuntar al acuerdo bilateral con Venezuela, que cambiará fuel oil por alimentos.
Pero hay un detalle: traer el combustible ¨bolivariano¨ es mucho más caro que explotar racionalmente los recursos argentinos. Por eso, aunque resulte ilógico, Chavez prestará la plata para poder comprarlo.
La duda es saber si la acumulación de riquezas y poder servirá para calmar la demanda social si algunos de estos planes no funciona. Y dónde quedará el “milagro argentino” cuando el precio de la soja deje de ser la carta del triunfo seguro.