Queríamos compartir con nuestros lectores varias de las charlas informales que a diario nos van poniendo a tono de la situación que se vive en distintos sectores. Este after office tuvo por objeto escuchar de boca de algunos exportadores la realidad que los envuelve, pero sobre todo, cuál es la visión que transmiten acerca de sus actividades.
Las exportaciones son fundamentales para el agro mendocino. Si hubiese que pensar solo en el mercado interno, no harían falta tantas inversiones ni tanto volumen de producción. Pero tampoco habría tanta mano de obra ocupada, tanto en las tareas primarias como en las industriales vinculadas.
En esta oportunidad, ex profeso, no invitamos a gente del sector vitivinícola, con quienes compartiremos más adelante sus realidades. En este caso, quisimos hacerlo con sectores muy importantes que habitualmente no figuran en las agendas ni en la consideración de la sociedad.
Es que, como relataron nuestros invitados, pocos alcanzan a dimensionar la importancia, no solo económica sino social, del cultivo y comercialización de ajos. Muy pocos entienden el valor de los sistemas de integración en el caso de la fruta para consumo en fresco o de la fruta para industria. Menos aparece asociado el tema de la olivicultura y ni que hablar de la actividad de producción de software, que parece ajena al movimiento económico local.
Del diálogo desarrollado en Azafrán quedó claro algo: muchos sectores hoy están en crisis, pero esta no deriva de la situación internacional. La crisis viene desde hace tiempo y las actuales circunstancias la hicieron estallar o lo dieron un componente más dramático.
El crecimiento de los costos internos por efectos de la inflación ha sido uno de los puntos más salientes en todas las actividades. Por supuesto, si ante este proceso la paridad cambiaria se atrasa, el problema de competitividad del tipo de cambio es la causa aparente que más se nota.
Por otra parte, todos señalan que la mayoría de los problemas que requieren solución dependen de decisiones del gobierno nacional, pero también señalan falta de acompañamiento de las autoridades locales para motorizar estos reclamos. “En Buenos Aires nos ignoran a nosotros, pero parece que también ignoran a los funcionarios locales” dijo uno de los invitados.
Respecto de la carencia y los altos costos del crédito, los asistentes coincidieron en que es un proceso que comenzó el año pasado, que se agudizó durante la crisis con el campo y ahora se ha instalado definitivamente sin soluciones a la vista. “Lo más grave que hoy nos pasa es la imposibilidad de prever, la incertidumbre acerca del futuro” dijeron.
Los exportadores, puntualmente, además, deben soportar las demoras en la devolución del IVA por parte de la AFIP. En el caso de exportaciones de pequeño volumen, las demoras serían de 90 días, pero en volúmenes mayores (más típicos de la vitivinicultura o de la fruta industrializada) las demoras llegan a ser de un año, y se generan situaciones muy complicadas, sobre todo por la falta de crédito.
Por el panorama aportado por nuestros invitados, las exportaciones en estos sectores estarán complicadas. En el caso de fruta en fresco no hay más alternativa que venderla. Al ser altamente perecedera, los productores deberán lidiar con las condiciones que le plantee el mercado. Tanto en Brasil como Europa o Asia, según decía Guizzo, el mayor impacto puede venir por las condiciones de los empresarios, aunque no descartó que el efecto “pobreza” generado por la crisis tenga, también, su impacto.
Para el caso del ajo, el panorama es más complejo. Brasil no ha comenzado a comprar, que es uno de los principales mercados. Además, muchos compradores, aprovechando la situación, pretenden renegociar deudas aduciendo diferencias cambiarias. Según Spitalieri, hasta el momento se han exportado 1 millón de cajas de ajos menos que al mismo mes del año pasado.
Pero el dato más contundente es que hasta la fecha los galpones de ajo no han comenzado a trabajar en el empaque. El producto está en el campo y hay unas 25 mil personas, que trabajan en la temporada en los galpones, que aún no han comenzado sus tareas. El empresario dijo que la situación social en el cordón productivo local es muy grave y no han conseguido ser atendido por ningún intendente o funcionario que tome acciones.
Para el caso de la olivicultura, según señaló Bustos Carra, el problema no es solo Brasil, sino que hay una gran cosecha en España, país que, además, goza de grandes subsidios, lo cual ha hecho tender a la baja al precio internacional de aceite de oliva. En el caso de las aceitunas, el panorama de precios parece complejo por la situación cambiaria.
Finalmente, en el caso de los exportadores de software, el ingeniero Robbio señaló que sus clientes le han confirmado los proyectos en marcha pero se han suspendido aquellos que debían comenzar. Belatrix exporta toda su producción de software a Estados Unidos y Canadá y, además, confirmó que varios empresarios colegas le han informado de caídas en las ventas o suspensión de pedidos.
La caída de las exportaciones locales, indudablemente, golpeará la actividad económica y generará problemas sociales, sobre todo en el empleo de temporada, que anualmente da cabida miles de familias.
Es una situación que requiere de las autoridades planes concretos para enfrentar esta situación que ya está instalada en nuestra provincia.