¿Puede el banco suizo UBS respirar aliviado ahora? ¿Es un paliativo la inyección del gobierno de casi 70.000 millones de francos suizos (58.000 millones de dólares) que aprobaron los accionistas? ¿Subirá ahora el curso de las acciones que hace poco llegó a los siete euros (9 dólares), un nivel nunca antes alcanzado?
En realidad sólo quedan flotando en el aire las preguntas a las que se vio enfrentado el presidente del UBS, Peter Kurer, ante unos 2.400 accionistas en la feria de Lucerna y que no pudo contestar en forma satisfactoria. Con este paquete de rescate el banco todavía no salió de la zona de peligro.
Esta vez, la ayuda estatal fue aceptada a pesar de que en octubre había sido descartado en forma categórica un segundo aumento de capital para el banco afectado. Pero ahora todo depende de cómo se desarrollen los mercados financieros y de cómo puede recobrar el banco la confianza perdida.
La salida de 140.000 millones de francos (117.000 millones de dólares) en concepto de depósitos en los primeros nueve meses del año no es un monto menor, incluso para la administradora de capitales más importante del mundo.
Del discurso introductorio de Kurer pudo inferirse lo dramático de la situación. Si se hubiera esperado más, se hubiera corrido el riesgo de "jugar con el destino del banco, su capital, el dinero de nuestros clientes y finalmente también con su futuro y el bienestar de todo nuestro país", expresó el presidente del banco ante los accionistas.
Kurer es parte del sistema UBS fustigado con energía por los accionistas en Lucerna. Antes de asumir el cargo de presidente de la administración del banco, en octubre, y relevar al golpeado Marcel Ospel, pertenecía a la conducción del banco. Con él, es difícil que muchos accionistas se puedan imaginar un nuevo comienzo.
Kurer reaccionó hoy de forma susceptible en varias ocasiones cuando fue interpelado por algunos de los accionistas en dialecto suizo. Porque el UBS, que hasta aquí debió amortizar 40.000 millones de francos (33.000 millones de dólares), no perdió sólo dinero anónimo. Suizos y suizas habían confiado en que sus acciones les procurarían un retiro despreocupado, tal como se lamentaban los inversores en Lucerna. Así son las cosas en la rica Suiza, donde la jubilación fluye en forma muy escasa.
En vez de eso, hubo pérdidas por doquier. Además, Kurer debió reconocer que las acusaciones hechas por Estados Unidos respecto de la colaboración del banco en una trama de evasión fiscal no están del todo erradas. Admitió que se descubrieron "graves fraudes fiscales". El murmullo que se instaló en el salón dejó en claro que los accionistas aún no estaban preparados para todo.
La UBS no va a desaparecer. Así lo corrroboran una vez más la política y la superintendencia bancaria suiza. Pero ofrece un "cuadro horripilante", según se lamentaba el accionista Hanspeter Bornhauser.
Bajo la presión de los accionistas ya no se excluyen demandas por daños y perjuicios contra ex altos funcionarios del UBS. El consejo de administración de la institución bancaria ya comenzó a hacer las gestiones correspondientes. Habría que pagar importantes indemnizaciones en caso de que pueda probarse que los funcionarios violaron los estatutos.
Sin embargo al banco no lo favorece aparecer continuamente en los titulares de los diarios. Necesita sosiego para volver a reconstruir sus negocios, se lamentaba un colaborador en Lucerna. "Tienen que confiar en nosotros", señaló. Agregó que el banco no sólo está formado por juntas directivas.
El presidente del Partido Socialdemócrata en el Parlamento suizo, Christian Levrat, sin embargo ve el panorama con otra perspectiva. Levrat criticó que los propios miembros del consejo de administración habrían vendido en forma masiva acciones del UBS mientras el Estado se esforzaba por rescatar la entidad bancaria. "¿De dónde puede surgir entonces la confianza?" preguntó Levrat. Es una pregunta que tampoco fue respondida.
El UBS todavía no puede respirar con alivio
La salida de 140.000 millones de francos (117.000 millones de dólares) en concepto de depósitos en los primeros nueve meses del año deterioró seriamente la situación de la entidad, que ya recibió una inyección del gobierno de 70.000 millones de francos suizos (unos 58.000 millones de dólares).