G-20: Cristina firmó un documento en el que no cree

El documento del Grupo de los 20 contiene postulados contrarios a la política que lleva adelante la presidenta y son incompatibles con sus creencias y las medidas concretas que toma su gobierno.

¿Por qué Cristina firmó el documento del G-20?

La cumbre de los presidentes de los países del Grupo de los 20 terminó con una declaración que sintetizó los pensamientos esgrimidos por los mandatarios en los días previos.

Los mandatarios se comprometieron a una mejor regulación de los mercados financieros y a sistemas de control efectivos, algo que falló claramente en los acontecimientos que derivaron en la actual crisis. Pero no hay que olvidar que estas regulaciones son nacionales y no existe y no ha sido propuesto ningún marco de regulación supranacional.

Quizás lo más sustancioso surgió de algunas frases contenidas en el comunicado de diez páginas dado a conocer y en el cual todos los mandatarios se comprometen a evitar tomar medidas proteccionistas y a favorecer el libre comercio.

Además, se comprometen a revitalizar la Ronda de Doha que, en el ámbito de la Organización Mundial del Comercio, venía de un estrepitoso fracaso por las negativas de Estados Unidos, la Unión Europea y algunos nuevos emergentes grandes como Brasil e India a abrir sus mercados.

En la misma declaración se plantea la necesidad de una efectiva cooperación y coordinación entre los organismos reguladores de los distintos países, a efectos de controlar ciertas operaciones o movimientos de fondos.

En particular, los presidentes se preocupan por la necesidad de regular el funcionamiento de los fondos de inversión de riesgos (hegde founds) y las calificadoras de riesgo, que en ningún momento alertaron a los inversores por la situación de las empresas que calificaban.

¿Cómo sigue la situación?

En principio debe quedar claro que lo que los presidentes han declarado son principios y objetivos y que llevará mucho tiempo plasmar en medidas concretas. Es decir, la crisis actual seguirá su marcha y habrá que asumir todas las consecuencias de lo ya hecho. Lo único que se puede hacer, con lo dicho, es tratar de no repetir los errores en el futuro.

Aprendiendo de la crisis de los años `30, los presidentes se cubrieron para evitar el renacer de los proteccionismos. Fue el proteccionismo practicado por los países lo que llevó a la Gran Depresión posterior a la debacle de la bolsa en 1929 y a la crisis desencadenada en 1930.

Pero no hubo ninguna mención a medidas de corto plazo para reactivar los mercados y evitar que la crisis se prologue demasiado. Esta semana, tomando las informaciones proporcionadas por las empresas, contabilizamos avisos de despidos de más de 150.000 trabajadores solo en EE.UU.

Y este dato es preocupante porque seguramente la semana próxima seguiremos recibiendo nuevos datos. Según los especialistas, todavía falta que se depuren activos, de los denominados “tóxicos”, por un valor de 500 mil millones de dólares. Esto supone que, a pesar de algunos días positivos, la tendencia de los mercados seguirá hacía la baja porque, además, la recesión está instalada y nadie sabe cómo se saldrá de ella.

Algunos optimistas creían que en tres trimestres el tema quedaba solucionado, pero a medida que se conocen nuevos datos, ya la mayoría cree que esta recesión mundial puede llevar unos dos años hasta que se pueda salir de nuevo.

Es que la situación de EE.UU. es de una gravedad no dimensionada. El crecimiento de la tasa de desempleo es el dato a tener cuenta para visualizar el futuro de esa economía. Es que el consumo interno en ese país representa el 75% de su producto bruto. Además, EE.UU. representa el 25% del PBI mundial y es responsable del 40% del intercambio internacional de bienes y servicios.

Argentina a contrapelo
Cuando se declaró la crisis, la presidente Cristina Kirchner no tuvo mejor idea que mofarse de la misma, la bautizó “efecto jazz” y e hizo alarde de su habitual soberbia, al sostener que muestro país no necesitaba ningún “Plan B”.

En el último mes se han tomado medidas que muestran que la presidenta no sabía de qué hablaba y no tuvo mejor idea que confiscar los ahorros jubilatorios, con una serie de argumentos discutibles, pero en un momento inapropiado.

En la declaración del G-20, que también firmó Cristina de Kirchner, los presidentes se comprometen a restablecer la confianza de los inversores, a no tomar medidas proteccionistas y a fomentar el libre comercio. 

Usted. se preguntará lo mismo que yo. ¿Cumplirá Cristina con lo que firmó? ¿Ya habrá encontrado el enemigo al cual echarle la culpa y justificar el incumplimiento?

Es que la actual crisis interna de la Argentina es el resultado de medidas que afectaron la confianza. Si los argentinos van a comprar dólares es porque no confían en el gobierno. Si todos los días renacen rumores de incautación de plazos fijos o del contenido de las cajas de seguridad de los bancos, es porque los argentinos consideran que el matrimonio Kirchner es capaz de cualquier cosa

Y ¿porqué los argentinos podrían pensar eso? Porque los ciudadanos de este país se han dado cuenta del profundo desprecio por las instituciones que profesa el matrimonio Kirchner.

¿O acaso es posible pensar que la presidenta tomará medidas para restablecer la confianza? ¿Alguien cree que Cristina no tomará medidas proteccionistas y defenderá el libre comercio? ¿Si Cristina fue capaz de violar el derecho de propiedad y las instituciones básicas no sería capaz de mentir en la firma de un acuerdo internacional?

Muchos interrogantes con respuestas obvias. La crisis mundial es grave, pero la crisis argentina es más grave porque tiene un profundo contenido moral, de desprecio por el orden institucional. Al mundo le va a ir mal. A los argentinos nos irá peor.