Fin de la jubilación privada: ¿por qué baja la Bolsa?

La estatización del sistema jubilatorio presupone el traslado de todos los activos en poder de las AFJP a la órbita de la ANSeS. Como entre esos activos se encuentran unos 10 mil millones de pesos en acciones que cotizan en la Bolsa porteña la pregunta del millón es qué destino tendrán esas acciones.

Foto: NA
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Dos interrogantes se plantearon hoy entre operadores inversores y analistas de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires por la decisión del gobierno de estatizar el sistema de jubilación privada, cuyas respuestas no conocidas determinaron ventas para hacerse de efectivo.
  
Por un lado, la estatización del sistema jubilatorio presupone, el traslado de todos los activos en poder de las AFJP a la órbita de la ANSeS o de algún otro organismo que decida el Gobierno.
  
Como entre esos activos se encuentran unos 10 mil millones de pesos en acciones que cotizan en la Bolsa porteña, la pregunta del millón es qué destino tendrán esas acciones.
  
Si las acciones se vendieran en la Bolsa, sería poco menos que imposible su absorción a menos que las cotizaciones bajen a centavos o milésimos de peso, habida cuenta del normalmente reducido volumen efectivo que se tranza en ese rubro dentro del recinto de 25 de Mayo y Sarmiento.
  
O sea: se alcanzaría un derrumbe total de las cotizaciones como nunca antes se registró en los 154 años de vida que tiene la Bolsa porteña.
  
De ahí que las ventas se hayan apurado desde el arranque de la rueda de hoy para tratar de no tener papeles cuando hablara la presidenta Cristina Kirchner para formular el anuncio del cambio.
  
Pero, otro interrogante se acoplaba al temor arraigado en los inversores con visón de futuro mediato y a largo plazo: ¿Qué sucederá con el desarrollo operativo del mercado accionario cuando las AFJP no actúen como compradores, dada su inexistencia de hecho por el cambio del sistema?
  
¿Será el Estado a través del organismo designado quien tenga la misión compradora en el sector accionario o esa forma de inversión dejará de existir en la financiación de los fondos trasladados al Estado y los que ingresaren en el futuro por los aportes de afiliados y empresarios?
  
Si el Estado abandonara la inversión en acciones, se quedaría sin el aporte significativo de fondos que le ha permitido salir de la abulia en que se encontraba a finales de los años ’80 por la reducida intervención de inversores privados.
  
Por aquel entonces, los niveles hiperinflacionarios sumados a las corridas alcistas del dólar y a los gigantescos numerales pagados en concepto de interés por los bancos oficiales nacionales y provinciales a través de los certificados de plazo fijo no atraían a los inversores hacia la Bolsa.
  
Pero, ese panorama cambió cuando se implantó la convertibilidad del peso con el dólar estadounidense; se bajaron los niveles inflacionarios a un dígito anual; se redujeron drásticamente los niveles de las tasas de interés; se desregularon los mercados; y se privatizaron las empresas estatales con la condición de que cotizaran parte de su capital en las Bolsas y Mercados del país.
  
En esas condiciones, el volumen bursátil accionario que rondaba el medio millón de dólares diario pasó a un promedio de sesenta millones de esa moneda.
  
La creación de las AFJP con la obligación de invertir una parte de los fondos en acciones de primera línea bursátil (volumen diario) permitió que la operatividad creciera aún después del desastre financiero del 2001/02 y la recuperación de las cotizaciones durante los años de fuerte crecimiento económico que caracterizó a la gestión presidencial de Néstor Kirchner.
  
Si las AFJP desaparecen y el Estado Nacional no interviene como inversor en el mercado accionario, ¿a cuánto se reducirán los volúmenes y, por consiguiente, a cuánto las cotizaciones que están estrechamente con el crecimiento de los fondos efectivos?
  
La respuesta a este interrogante desvelaba hoy a los inversores en la creencia que el mercado accionario está en vísperas de languidecer en su operatividad.