La crisis internacional ya está instalada y los remezones que hemos visto son sólo la primera consecuencia. Empezó el proceso de depuración y nadie sabe cuánto tiempo durará, qué profundidad tendrá ni a quiénes arrastrará, pero no se detendrá hasta que el mercado considere que está saneado.
Esto significa que, si bien la crisis está reflejada en el sistema financiero internacional, tendremos una situación compleja en la economía real, en un escenario optimista, por dieciocho a veinticuatro meses. La recesión mundial es inevitable.
Frente a este panorama, la Argentina recién ha comenzado a tomar conciencia, después de las frases divertidas de la Presidenta sobre la crisis norteamericana y haciendo alarde de que no necesitábamos un plan alternativo. Está claro que lo que necesitamos es un nuevo plan para enfrentar un nuevo escenario que nos planteará situaciones extremas no vistas en los últimos 70 años.
¿Con qué escenario se enfrentará Mendoza? ¿Cómo lo afrontará?
Estas son preguntas que todos los mendocinos se hacen y que requerirían alguna señal por parte del gobierno provincial. Se ha conformado un Comité de Crisis que estaría analizando el tema pero hasta ahora no hay señales claras.
Tampoco hay señales de que se haya consultado a organizaciones empresarias, a los sindicatos, organizaciones de la sociedad civil o universidades para conformar lo que debería ser un plan para enfrentar una crisis estructural y de largo plazo.
Para ayudar en el pensamiento, podríamos decir que este tipo de crisis no se enfrenta con ideologías o dogmas sino con valores y con conciencia cierta de las posibilidades reales. Es la única forma de afrontar con realismo el desafío.
En segundo lugar, hay que tener en claro el escenario más posible, que contendrá un mercado internacional más pobre, porque no sólo perdieron los inversores, sino que esas pérdidas se trasladarán al resto de la economía. El aumento de la tasa de desempleo en EE.UU. ya es una cruda muestra.
Esto implica menos ventas en esos mercados pero también mayor competencia por parte de otros países que también les vendían a esos mercados. O sea, competiremos globalmente con países que no trepidarán en usar todas herramientas para asegurar la colocación de sus productos.
En el mercado interno, el bajón se sentirá. Por lo pronto, el escenario ya es de gran iliquidez y con muy altas tasa de interés, que hacen inviable financiar cualquier proyecto productivo. Por lo tanto, no habrá crédito disponible, pero no lo habrá en ningún lugar del mundo.
En casi todos los países, el crédito lo proveerá, a cuenta gotas, el Estado. Decimos en casi todos los países, porque no todos estarán en condiciones de hacerlo. Argentina es uno de esos países, y Mendoza no será la excepción.
El sector fiscal de la provincia se las verá en aprietos y deberán sentarse en una mesa razonable para que los sindicalistas estatales entiendan la situación. Hoy el salario promedio de los empleados estatales es similar a los del sector privado, pero con una diferencia. La mayoría de los estatales trabajan 35 horas semanales y tienen estabilidad en sus cargos. Los privados trabajan muchas más horas y corren el riesgo de perder su trabajo.
Para sostener la actividad económica, la provincia deberá establecer prioridades. La primera es apoyar a las actividades intensivas en mano de obra. La preservación del trabajo o la creación de nuevas oportunidades deben ser fundamentales.
Además, hay que apoyar con mayor firmeza la internacionalización de nuestras empresas, sabiendo que el contexto será mucho más competitivo que antes. Para esto, es necesario que nuestras empresas, sobre todo las pequeñas y medianas, dispongan de herramientas que les den competitividad internacional.
A las actuales empresas exportadoras también habrá que apoyarlas, pero creo que debe quedar claro un concepto: Apoyar las exportaciones no significa que los empresarios viajen al exterior. Si lo hacen debe ser excepcional.
El mayor apoyo que pueden dar es ejercer una presión constante sobre la cancillería para buscar acuerdos creativos que nos abran nuevos mercados. De la misma manera, se debe presionar sobre la AFIP para acelerar la devolución del IVA.
Para hacer todo esto deberá el gobierno contar con un equipo pequeño pero muy eficiente instalado en Buenos Aires cuya única función sea la de registrar la presencia permanente de Mendoza en todos los ministerios y secretarías, presionando acuerdos, apurando partidas, obteniendo programas y financiamientos y consiguiendo todo lo que sea necesario.
El financiamiento local
En la actualidad, la provincia dispone de un escuálido Fondo para la Transformación y el Crecimiento que ya acumula una cantidad importante de clientes de dudosa cobrabilidad. Si le sumamos las últimas convocatorias de elaboradores de mosto, queda claro que el gobierno no puede seguir asumiendo estos riesgos.
El Fondo con lo que tiene y lo que puede cobrar, más alguna capitalización que se pueda hacer, debería subsidiar tasa para capital de trabajo, a través de bancos privados, pero habrá que hacer algunas sutiles distinciones.
En épocas de crisis, la mayoría de los empresarios ponen caras lánguidas y salen a dar lástima y algunos hasta se animan a pasar la gorra. Pero en los años de bonanza, muchos acumularon activos, especialmente inmobiliarios, que les abultan los balances pero no les sirven para operar. Otros, ni siquiera los incluyeron.
En esta situación, solo hay que asistir al que no tiene alternativas. Y el crédito debe ser muy restrictivo. Muy pocas empresas podrían devolver préstamos.
Uno de los destinos que podría darse a los recursos del Fondo es anticipar los créditos de devolución de IVA que los exportadores tienen con la AFIP. Se podrán establecer los límites, pero es fundamental que las empresas trabajen con capital propio y evitarles el endeudamiento.
Está en elaboración el Presupuesto provincial 2009 y habría que dar señales claras. Debe aumentarse significativamente el presupuesto asignado a la promoción de las exportaciones y a la promoción del turismo. Ambas actividades crean valor, aportan trabajo y monetizan la economía.
Finalmente, hay que ordenar y poner en marcha los fideicomisos financieros para captar ahorros públicos. Si Mendoza Fiduciaria no puede hacerlos, recurrir a otra sociedad fiduciaria, pero es un mecanismo que ha probado su eficiencia y no requiere fondos estatales.
Estas son algunas pocas ideas que ponemos sobre la mesa con la intención que se sumen muchas más. Hoy, que no aparecen ideas del gobierno ni señales de que las tengan, se necesitan ideas de todos y decisiones, porque las olas del tsunami están por llegar y por estos lados algunos todavía dudan que haya tormenta.