El paupérrimo partido que tuvo Boca ante Godoy Cruz, que agravó la crisis futbolística que vive el Xeneize, provocó que por primera vez en mucho tiempo la Bombonera pida más actitud mediante cánticos picantes, y también parecía significar el fin de la etapa de Sebastián Battaglia al frente del Xeneize. Sin embargo eso no ocurrirá. El flojo nivel futbolístico, los resultados irregulares, la irritación de los hinchas y las rispideces internas entre el técnico y Juan Román Riquelme son los ingredientes de un cóctel que no llegó a explotar tras la reunión entre el máximo ganador de la historia del club y el máximo ídolo de la historia del club.
En la mañana del jueves se supo que Riquelme quería tener una reunión con Battaglia previa al entrenamiento de las 16 horas. En esa junta, el vicepresidente tenía la intención de esperar que sea el propio técnico quien dé por concluido su paso por el banco de suplentes de Boca. Pero en su arribo al predio de Ezeiza el entrenador reveló en una nota que tenía fuerzas para seguir, por lo que mostró sus cartas antes de la cumbre con el vicepresidente xeneize.
Cuando se hicieron las cuatro de la tarde, el plantel de Boca comenzó las tareas regenerativas post partido en el gimnasio, con la particularidad de que quien estaba a cargo era Alejandro Blasco, preparador físico alterno de Zacarías Gaggero, el PF de Battaglia. Paralelamente, el Consejo de Fútbol seguía reunido con Sebastián Battaglia y su cuerpo técnico.
Pero pasadas las 17, Battaglia se sumó para dirigir la segunda parte del entrenamiento y comenzar a planificar el partido del sábado a las 19 horas ante Central Córdoba en Santiago del Estero. Sin embargo, la reunión entre el DT de Boca y Riquelme no se dio antes de la práctica y se especula con que sería luego de la misma. ¿Será él quien saque al equipo de la crisis futbolística en la que está inmerso?