Colombia llegó al Mundial de 1994 como gran favorito y en su país la mafia de las apuestas, organizadas por los cárteles narco, movía miles de millones de dólares. La Selección liderada por Carlos Valderrama cayó ante Rumania en su debut y las amenazas de muerte llovieron en el hotel donde concentraban.
En el segundo partido, ante Estados Unidos, Colombia estaba obligada a ganar para seguir con vida, pero el defensor Andrés Escobar anotó en contra de su arco el primer gol del triunfo por 2 a 1 del seleccionado local. Tras la eliminación, Escobar declaró ante la prensa y dejó una frase que sigue sonando hasta hoy: "La vida sigue, la vida no se ha acabado".