Fue en abril de este año, no pasó mucho tiempo. Paulo Dybala sorprendió con una declaración: "La gente tiene que entender que yo no soy el nuevo Messi. Yo soy Dybala".
Ese sincericidio cayó en un contexto que ponía a prueba al supuesto heredero al trono. Dybala no quiso entrar en esa comparación y construyó su propio camino.
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Hoy, vuelve a patear el tablero y se anima a hacer su propio análisis. "Por suerte juego con Messi en la selección y es un placer, se puede aprender mucho de él. Pero la verdad que es difícil para mí jugar con él, porque jugamos en el mismo puesto".
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El jugador busca su habitat natural en el campo y su instinto le gana a cualquier planteo táctico. Juega de diez, vive como un diez, pero en la Selección no y lo manifiesta.
Ojo, no caigamos en un análisis que esté fuera de contexto. Dybala admira a Messi y se siente un privilegiado de la vida al estar al lado del mejor jugador del planeta. Sin embargo, ante tanta grandeza, se anima a decir lo que siente.
Dybala sólo coincidió con Messi en tres partidos, la victoria ante Brasil (1-0) y los dos últimos empates por las eliminatorias (Uruguay y Venezuela). "Es muy importante que Messi y Dybala se complementen", pide Sampaoli. Ocurre, sin embargo, que al delantero de la Juventus le cuesta conectar con el del Barcelona.
No es un planteo de "uno o el otro" en la Selección. Dybala no arma polémica. Su brutal sinceridad es bien recibida y tal vez, sería bueno escucharla.