Disipada la onda expansiva de un partido de fábula, llevadas al límite del agotamiento las metáforas laudatorias para el Barcelona y lapidarias para el París Saint-Germain, se impone un interrogante más grande que el Camp Nou: ¿será que esta Champions League comenzó a jugarse el 28 de junio pero fue inaugurada por segunda vez el 8 de marzo?
¿Será que hace 24 horas se ha escrito una página que amén de tener vida en sí misma modificará el destino de la "Orejona"?
Lo obvio, lo de cajón, lo del Guinness de las remontadas y de las capitulaciones indecorosas, ahí está: el Barça consumó una proeza y París-Saint Germain no fue capaz de subirse al tren más accesible, venturoso y glorioso de su historia.
"Debes tener cuidado con lo que deseas, que puede hacerse realidad", advierte un célebre aserto: el PSG deseó con fervor llegar lejos en la Champions, tuvo de rodillas al que para muchos es el mejor equipo del planeta y sucumbió de pánico escénico.
Y eso más allá de un arbitraje, el del alemán Deniz Aytekin, que amén de oscilar entre malo y pésimo influyó en favor de los catalanes.
Pero si de los catalanes hablamos, de los sobrevivientes del pierde-paga, se vuelve ineludible reponer que la epopeya floreció en jardines insospechados: mucho más coraje que juego, mucho más Neymar Junior que Lionel Messi y como rúbrica un héroe accidental, Sergi Roberto, un top five de los cuestionados.
De cara a lo que vendrá, cuartos de final contra no se sabe quién, sobresalen dos alternativas que se deducen de lo expresado por el Barcelona en una sublime noche que desató en la ciudad condal una fiesta extendida y sin medida.
Jugando como jugó el miércoles (apurado, agitado, a los trompicones) podría ser eliminado por cualquiera, incluso por el menos pintado de los ocho que quedarán, pero habrá que ver si semejante envión emocional destapa las cañerías, aviva el fuego de la memoria, alumbra a un gran Andrés Iniesta, a un Messi estelar y como mínimo marcha airoso hasta el 3 de junio en el Millenium Stadium Cardiff.
Los devotos de las señales juran que el imperdonable pecado del PSG, haber dejado en pie al cuco de Catalunya, será pagado por absolutamente todos y la Champions terminará en los pagos de Joan Manoel Serrat.
Por lo pronto, el campeón defensor parece de acero inoxidable (por cada 20 minutos de sufrimiento Real Madrid mete un gol), Bayern Münich fue implacable con los blandos enunciados del Arsenal y Borussia Dortmund ratificó que en general es respetable y con Pierre Aubemayang es peligroso, mientras que la semana que viene Atlético de Madrid, Juventus y Manchester City deberán defender una buena renta ante Bayer Leverkusen, Porto y Mónaco, y Sevilla deberá defender una renta escasa versus Leicester City.