Messi tuvo una de sus mejores noches con la Selección Argentina. Jugó el partido con la personalidad que lo caracteriza, se cargó el equipo al hombro y con tres goles no llevó directamente al Mundial de Rusia.
El primero fue similar a tantos que hizo en el Barcelona. Pase en profundidad, pared, y con un toque sutil, adentro. Era el 1 a 1 parcial.
Después apostó a su intuición, se la punteó al defensor ecuatoriano y le rompió el arco a Bangera que poco pudo hacer ante la potencia del remate del "10".
Y la noche tenía que cerrarla con magia. Los encaró, vio adelantado al arquero y se la picó, para sentenciar una historia complicada pero que con su jerarquía y amor por la camiseta, la hizo fácil.