No tengo por qué escribirlo pero sé que si no lo hago pasará el tiempo y sé que me arrepentiré. No tengo órdenes que me indiquen cómo o por dónde tengo que desplazarme. No tengo tácticas específicas ni reglas ni ruidos ni miedos a fallar ni dependencias externas ni cientos de ojos a los que satisfacer. Estoy solo conmigo mismo, con los pros y los contras que eso conlleva, disfrutando del verdadero sabor de la libertad.
Sinceramente va a ser doloroso imaginarse que en el primer partido de la temporada no vas a estar ni siquiera en el banco. Se va a extrañar el carisma, por sobre todas las cosas más voy a extrañar la seguridad que entregabas en cada jugada.
Sé que hubiese sido más fácil escribir cualquier otra cosa pero el dolor que siente el hincha gutierrino ante semejante noticia de que ya no sos más parte de mi club, no se compara ni con cualquier otra derrota.
¿Cómo no voy a quererte? Si me regalaste los mejores domingos de mi vida. Aquél golazo de tres cuartos de cancha a Huracán lo grité desesperadamente.
¿Por qué no voy a quererte? Si lloré, como si hubiésemos perdido aquel partido frente a Talleres de Córdoba, cuando sufrimos la rotura del tendón de Aquiles que te dejó afuera de las canchas por más de medio año.
Creo que realmente era la hora de tu partida, aunque no deja de dolerme. Sólo quiero pedirle a los hinchas de tu nuevo club que te disfruten, porque acá en Gutiérrez te vamos a estar esperando. Y por sobre eso y por mucho más, gracias Nico. Hasta pronto.
Por Mauricio Luis Díaz