"Cuando ignoramos, ignoramos hasta la ignorancia; ignorancia que volvió a lastimar". Callejeros.
La derrota consumada en el MetLife de Nueva Jersey en la final de la Copa América Centenario ante Chile fue una nueva cachetada a nuestro sentir futbolero, a nuestra historia. Pero cuando uno se pone a pensar y analizar que esto es un juego nomás y que en la pirámide de nuestras prioridades, seguramente, el fútbol no esté cerca de la cúspide, comienza a respirar un poco más aliviado. Inhalamos, exhalamos, pero nos volvemos a ahogar en nuestras miserias.
"Ya está, se terminó la Selección para mí", Leo siguió caminando con lágrimas en sus ojos y la frase del jugador que hizo que hoy Argentina esté dentro de las grandes selecciones del mundo comenzó a hacer mella en quienes creemos que nadie como él le ha hecho tan bien al fútbol argentino en las últimas décadas. Pero también comenzó a inflar el pecho de los detractores, los que no se conforman con ser segundos, cuando ellos no son siquiera los mejores en sus trabajos. No se conforman porque poco entienden del sacrificio, de los imponderables, de los riesgos, en definitiva, de lo impredecible de un juego tan extraordinario como injusto.
La salida de la Selección de Leo es mucho más significativa que la renuncia de un jugador, es sentir que te cansaste de las críticas injustas aún cuando seguís siendo el mejor jugador del planeta, de la no valoración de un esfuerzo descomunal para estar presente cada vez que se entonan las estrofas del himno nacional argentino en una cancha.
Pero algunos están felices y a nadie se le puede arrebatar esa hermosa sensación, aun cuando el regocijo es en una situación como esta. Hasta buscan la derrota como no hinchas para seguir dándole de comer a su ego y a su teoría estúpida de que estos futbolistas, o en especial el 10, es un "pecho frío".
Tengo la esperanza de que lo hecho por Messi en la Selección argentina sea valorado el día de mañana, aunque tal vez sea tarde. Ojalá el enano haya tomado su decisión en caliente y pueda reverla. Después de todo, a los que amamos el fútbol solo nos basta con verlo a él dentro de una cancha y con el escudo argentino en el pecho. Lo demás, que lo analicen lo eruditos en la materia que seguramente son más ganadores que este pibe de 29 años.