Hay que escribir desde el dolor y la tristeza; sabiendo, una vez más, que todas las críticas caerán sobre Lionel Andrés Messi, pese a haber sido el mejor jugador del equipo. Pero el fútbol es así, el deporte más impredecible de todos, el que no perdona el error, el que condena a los héroes.
Las cuestiones futbolísticas quedan de lado en un momento como este. Ambas selecciones tuvieron sus escasas oportunidades que no llegaron a concretarse y el tiempo se esfumó para que nuevamente la suerte o la jerarquía de los penales, como lo quiera llamar, le vuelva a dar vuelta la cara al conjunto Albiceleste.
La Selección argentina cayó ante Chile por penales en la final de la Copa América Centenario y no pudo cortar la racha de 23 años sin títulos. La misma historia que hace un año en Chile. A esta altura, parece ya una cuestión hiriente y hasta en algún punto una situación injusta aun cuando el fútbol no conoce de justicia; no por el juego mismo disputado en el MetLife de Nueva Jersey ni por el merecedor a la gloria, eso quedará para un análisis, pero sí injusto para una Selección que ha estado desde hace varios años en el podio entre los mejores equipos del mundo, aunque siempre con la desgracia de no poder saborear la mieles de un éxito que ahora, en caliente, parece inalcanzable.
Messi será el villano para la crítica en general, porque así somos. Leo se perdió uno de los dos penales que falló la Selección (el otro fue Lucas Biglia) y este momento quedará marcado, seguramente, en lo más profundo de él y del pueblo argentino.
Habrá que esperar dos años para tratar de cambiar la historia, en Rusia 2018 o vaya a saber cuándo. El tango dice que primero hay que saber sufrir y, en esta historia interminable, parece que después también.