El Pocho Lavezzi disfrutó el entremaniento argentino como un espectador más. Llegó sonriente, con el brazo enyesado, y con su habitual carisma fue el primero en hacer bromas y "molestar" a sus compañeros.
Sin embargo, hoy cambió un poco ese rol porque el lastimado delantero fue blanco de las gastadas por el accidente durante el partido ante Estados Unidos y Mascherano fue quien rompió el silencio del ensayo al verlo caminar con su brazo envuelto en un férula.
"¿Está fresquito ahí, no?", dice Masche y ¿que recibe? Risas. Todo el tiempo risas. Escucha las gastadas y risas. Habla y risas. Ni cuando la lógica indica que debería estar caído, Lavezzi sigue levantando y alegrando al grupo. El Pocho es necesario dentro y fuera de la cancha.