Los argentinos estamos haciendo por Marcelo Tinelli y el fútbol argentino una apuesta sentimental. Mezcla de distensión, esparcimiento, pasión y expectativas, el animador televisivo se predispone a animar el principal deporte argentino desde las entrañas de la AFA.
Sus primeras declaraciones tuvieron que ver con las dudas sobre las cuentas de la entidad: era de manual. La muerte encontró al ex zar Julio Grondona antes que la justicia estadounidense, que terminó procesando a todos sus amigos de la FIFA, de la que fue vicepresidente y hombre a cargo de sus números.
Por lo tanto, Tinelli aparece como "oxígeno" ante una AFA que fue una caja sin fondos y posee un carisma -en función de su éxito televisivo- que no tiene ni puede comprar y tampoco conseguir rápidamente, ningún otro dirigente del fútbol argentino.
¿Es Marcelo Tinelli el 'gran administrador' que le hace falta a la AFA? Aquí el tema es otro, pero nadie lo está analizando, embobado por la posibilidad de que después del "todo pasa" de Grondona, pase algo. El conductor no ha demostrado a lo largo de su exitosa vida televisiva ser un buen administrador de sus propios emprendimientos, de los que se ha tenido que desprender para terminar siendo socio o partícipe, pero nunca el líder.
Esa incapacidad de liderazgo real la suplanta con su liderazgo social. En un contexto en donde no está claro quiénes son los verdaderos dueños de la pelota, si lo son los clubes, sus socios, el Gobierno que maneja "Fútbol para todos", las empresas de televisación o los espónsores, Tinelli resulta el atajo simple y sencillo, de gran impacto y, antes que todo eso, una esperanza.
Por ello hay centradas expectativas en lo que pueda hacer. Pero en este punto hay que ser cautos: no le servirá al fútbol que cambie de conductores y no cambie nada. El gatopardismo (cambiar algo para que no cambie nada) es una norma casi institucionalizada en todos los ámbitos de la Argentina. Y el fútbol, especialmente el "negocio de la pelota", no tiene por qué ser una excepción.