El segundo superclásico que jugaron esta noche Boca Juniors y River Plate, en La Bombonera, por los octavos de final de la Copa Libertadores de América de fútbol, empezó como una fiesta, pero terminó en un escándalo mundial, tras la suspensión que decretó el árbitro Darío Herrera antes de comenzar el segundo tiempo, debido a que varios jugadores del conjunto visitante sufrieron una agresión "con gas pimienta y quemaduras" de parte de unos pocos hinchas del equipo local.
El clima previo al cotejo entre los dos equipos más importantes del fútbol argentino no era el mejor, tras el encuentro de la semana pasada en el estadio Monumental de Núñez en el que River se impuso por 1-0, con un pésimo arbitraje de Germán Delfino, quien permitió que el conjunto de Marcelo Gallardo abusara del juego brusco.
Los hinchas de Boca, los verdaderos, le dieron un color y un marco imponente a La Bombonera, pero el equipo de Rodolfo Arruabarrena entregó poco y nada desde el campo de juego.
Los primeros 45 minutos mostraron la peor versión de Boca, sin juego asociado, precisión y garra, y a la vez ratificaron la mejor de River, con solidez, despliegue y, principalmente, inteligencia.
Boca, ante la necesidad de revertir el 0-1 de la semana pasada en Núñez, salió a jugar con un 4-3-3, pero no tuvo ni tranquilidad ni claridad para exigir a una sobria última línea del equipo de Gallardo. Y hasta abusó del juego brusco.
Fernando Gago, el conductor del conjunto de Arruabarrena, nuevamente quedó en deuda, ya que no logró imponer su juego.
Pero también es real que ni Marcelo Meli ni Pablo Pérez, los otros dos volantes, se acercaron para formar un circuito futbolístico.
En consecuencia el tridente ofensivo, Cristian Pavón, Daniel Osvaldo y Federico Carrizo, quedó muy aislado.
Boca fue un equipo partido, sin una idea de juego, y la mejor muestra de eso fue que Daniel Díaz, el pilar de la zaga defensiva, fue la mejor y -tal vez- única salida.
Apenas un remate de Osvaldo, que mostró algo de temperamento, a los 25 minutos inquietó a un seguro Marcelo Barovero.
River, con un 4-4-1-1, que por momentos mutó a un 4-3-2-1, hizo su trabajo a la perfección: lució sólido atrás, manejó con criterio la pelota y así impuso su ritmo a un partido chato -desde lo futbolístico-, lo que más le convenía.
El trabajo de los volantes fue fantástico: Leonardo Ponzio, el DT dentro del campo de juego, fue el guía, mientras que Matías Kranevitter y Carlos Sánchez, el autor del gol de penal en la ida, lo siguieron a la perfección.
Pero lo más importante es que tanto Sebastián Driussi como Gonzalo Martínez, dos volantes de características más ofensivas que defensivas, fueron los primeros en trabajar para recuperar la pelota.
Esa fue la máxima virtud del equipo visitante: la solidaridad. A partir de eso, jugó el encuentro que quiso. Y los cuatro del fondo nunca fallaron.
Encima, antes de comenzar el segundo tiempo, ocurrió algo en la "manga" de salida de River, ya que varios jugadores mostraron signos de irritación en los ojos. Los más afectados fueron Ponzio, Martínez, Kranevitter, Leonel Vangioni,
Ramiro Funes Mori y Fernando Cavenaghi.
A partir de esto, el presidente de River, Rodolfo D´Onofrio, y varios dirigentes del club ingresaron al campo de juego (algo lógico desde lo humano, pero fuera del reglamento) y fruto de eso se generó una discusión con Arruabarrena.
Frente al escándalo, también entraron a la cancha Juan Carlos Crespi, vicepresidente segundo de Boca, y otro directivos de la institución. Y "la frutilla del postre" para que todo sea aún más vergonzoso fue la aparición de un "drone", un artefacto tecnológico que vuela a control remoto, con un telar de la forma de un fantasma con la letra B -por el descenso de River en el 2011-, desde la tribuna baja visitante.
Más tarde hablaron el presidente de Boca, Daniel Angelici, Gallardo, Arruabarrena, los jugadores, pero la Conmebol decidió que el partido se suspendiera, lo único con criterio, en una noche que pintaba de fiesta y terminó en u escándalo.
"Es una vergüenza total, que pongan la manga para eso", afirmó el entrenador de River Marcelo Gallardo.
"Es lamentable todo lo que ocurrió, es un papelón mundial. Quiero identificar a esos diez inadaptados", se quejó Daniel Angelici, el máximo dirigente de la entidad xeneize.
Agresión a los jugadores de River