Hicimos todo mal, Tata

Lo más saludable de la derrota argentina fue la autocrítica del DT al término del partido. Se jugó mal y tiene material para revertirlo.

Foto: Télam
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"Las presentaciones de la Selección son siempre una oportunidad para crear un vínculo con la gente", dijo Gerardo Martino el miércoles en la conferencia de prensa previa al estreno en Eliminatorias, en torno a que se trataba de su primera aparición como DT de la Selección en el estadio Monumental.

Más allá del resultado, que duele por haber sido locales y ante un rival que jamás había ganado en nuestro país, preocupa el funcionamiento demostrado a lo largo de los 90 minutos. O peor aún, la falta del mismo.

Para este encuentro la Selección se encontraba con algunos desafíos a superar, más allá del propio rival. Uno era la capacidad de Martino para que su idea futbolística se plasmara en el césped y no se sintiera la ausencia de Lionel Messi; el otro, la oportunidad de Sergio Agüero para demostrar en la Selección todo lo que hace en Manchester City. No se superó ninguno de los dos.

Ante un equipo que no jugó a nada en prácticamente ningún pasaje del partido, donde lo colectivo no funcionó y las individualidades no salieron al rescate, lo único saludable fueron las declaraciones de Martino al término del partido.


El Tata fue contundente:  "Lo malo es todo. El funcionamiento en todas las líneas no fue el adecuado".

Que el técnico de la Selección subcampeona del Mundo asuma que se hizo todo mal es un buen comienzo para revertir la situación, siempre y cuando tenga la capacidad para resolver los problemas que mostró anoche su equipo en la cancha de River.

Aunque Martino se cansó de repetir que hace varios días que se lesionó Messi y que este encuentro se planificó en torno a un equipo sin el mejor del mundo, la ausencia de La Pulga dejó al descubierto que Argentina fue un equipo sin sorpresas.

En cuanto abrió la cuenta Ecuador todo el Monumental asumió que el partido estaba perdido. Y eso, en un plantel con jugadores que brillan en las principales ligas del mundo, no puede pasar.

Por último, no toda la responsabilidad es del técnico. Finalizado el encuentro, quedó la sensación de que a los jugadores de la Selección les faltó rebeldía. Ninguno se animó a romper el molde y parecía que les daba lo mismo perder, ganar, empatar o ver el partido en pantuflas desde el sillón.


Después de muchos años, la Selección se fue del estadio entre silbidos y abucheos, porque más allá de la derrota ninguno entendió a qué estaba jugando.

La primera oportunidad para crear un vínculo con la gente, se desperdició. Hicimos todo mal, Tata.