Ha fallecido hoy Carlos Cippitelli, desenlace doloroso tras una larguísima enfermedad que resistió hasta lo último. Desaparece un hombre pleno, con sus fortalezas, debilidades, virtudes y defectos.
Lo que distinguió a Cippitelli por encima de casi todos fueron su pasión y espíritu deportivo, prácticamente únicos e insuperables. Éste es el legado que dejó, y que demostró toda su vida. Es el ejemplo que debe seguir brillando como guía del deporte mendocino.
Carlos nació con habilidades para el deporte. Futbolista destacado, rugbier total, profesor de educación física diligente y actualizado por encima aún de sus cualidades para el deporte. Fue el espíritu que imprimió a su paso por el deporte y que mantuvo e incrementó, fortaleciéndolo con el correr de los años, ya con los éxitos y responsabilidades enormes que fue consiguiendo. Una persona íntegra que también sufrió traiciones dolorosas, tanto como recibió los homenajes cuando el “Tercer tiempo” de su vida se asomaba.
Fue capitán de todos los equipos que integró, con su sello único, inconfundible y señero. Ello lo llevó a que en el mundo del deporte se le definiese como “El Gran Capitán”.
Su acción y su testimonio excedieron el ámbito del rugby, propagándose por las diversas disciplinas deportivas. Fue ejemplo de muchos y de nuevas generaciones allí donde estuvo.
Valiente, siempre adelante, cumpliendo las reglas con rigor y enarbolando siempre la bandera del juego limpio y del respeto al árbitro y sus ocasionales adversarios, Carlitos lideró los primeros equipos mendocinos que fueron campeones argentinos de rugby y también aquellos de las victorias épicas ante Francia, Inglaterra y Escocia.
El dolor por su deceso bloquea la voluntad de seguir enumerando logros y anécdotas de sus virtudes, ampliamente difundidas y conocidas en Mendoza. Sí resta abundar sus virtudes del alma y su generosidad de deportista puro.
En momentos tristes para el rugby mendocino porque bajó el nivel, sobre todo por la ausencia de un liderazgo firme que eleve el verdadero espíritu del juego, el testimonio que deja el Gran Capitán debe ser rescatado, ponderado y elevado para recuperar el camino desviado. Vivió entrenándose siempre sin condicionamientos, arengando desde el “vengan” y no desde el “vamos” o “vayan”, disfrutando en equilibrio las victorias y sin depresión ni dramas en las derrotas, fue líder del vestuario, la cancha y el tercer tiempo. Permanentemente buscó dar más para el juego y el equipo, en el placer del disfrute de entregar todo, para luego intercambiar sin fin con propios y adversarios en los terceros tiempos.
Fue Carlitos Cippitelli el ganador de la batalla por el esfuerzo continuo, el juego sin trampas, el respeto, la solidaridad, el aprendizaje permanente; y por la difusión entre infantiles y juveniles de la verdadera esencia del juego del rugby. Carlitos fue también un formador.
Que su legado florezca e ilumine permanentemente el rugby y todo el deporte mendocino. Sería el final perfecto de una obra casi única.
Nota de la redacción. Carlos Cippitelli será sepultado esta tarde a las 17:30 en el Parque de Descanso.
Facebook de Carlos Cippitelli, aquí.