El 2014 marcará la llegada del Mundial de baloncesto y con él los aficionados tendrán la oportunidad de despedir a las generaciones de oro de España y Argentina, dos selecciones que reescribieron la historia de su deporte.
España será la anfitriona de un torneo que promete enormes emociones y baloncesto de alta escuela entre el 30 de agosto y el 14 de septiembre de 2014. Y la cita también tendrá un alto componente sentimental porque se atisba el final de dos generaciones irrepetibles.
El baloncesto español vivió durante el siglo XXI su auténtica edad de oro agarrado a dos nombres históricos, como son Pau Gasol y Juan Carlos Navarro. Ambos abrieron la puerta a un elenco de baloncestistas como nunca antes tuvo un país que se convirtió, como en fútbol, en un ganador.
Pau Gasol llegará al Mundial con 34 años y muchos golpes en su cuerpo. Tras su renuncia a jugar el último Europeo, la cita del próximo año se presenta como su probable despedida de un equipo al que abanderó.
Por su parte, Juan Carlos Navarro jugará el torneo con los mismos 34 años que Gasol y también con mucha carga de partidos a sus espaldas.
Ellos serán los líderes espirituales de un equipo que espera consumar una etapa de leyenda que comenzó con el Mundial de Japón de 2006, en el que el equipo español arrolló en la final (70-47) a una Grecia que acababa de eliminar a Estados Unidos en una épica semifinal.
Al año siguiente perdió la final del Europeo de España ante Rusia (60-59) y en 2008 se llevó la plata olímpica tras ceder en la final de Pekín por 118-107 ante Estados Unidos después de un partido memorable.
Luego ganó dos Europeos consecutivos antes de volver a colgarse la medalla de plata olímpica en Londres 2012 ante Estados Unidos, que ganó 118-107 en otro encuentro inolvidable.
Es una generación a la que se añadieron otros nombres tan ilustres como los de José Manuel Calderón, Felipe Reyes, Rudy Fernández, Marc Gasol, Sergio Rodríguez, Sergio Llull, Ricky Rubio, Serge Ibaka y demás. Es decir, jugadores de primerísimo nivel para muchos puestos diferentes.
Dos notas definieron la singularidad española: su estética y moderna forma de entender el baloncesto junto a su comunión fuera de las canchas, formando un grupo de auténticos amigos.
Como explicó el ex jugador Juan Manuel López Iturriaga en "El País", "a partir de Japón, la selección actual se convirtió en un modelo a imitar, una referencia incluso planetaria, una clase práctica de cómo se construye y mantiene un equipo, una exaltación de valores siempre recomendables como la solidaridad, la humildad y el respeto nunca exento de ambición".
Iturriaga, medalla de plata en Los Angeles 1984, recordó que "su influencia alcanzó incluso al fútbol, que, a imagen y semejanza de la selección de baloncesto, vivió una importante transformación alejándose de viejos personalismos para acercarse a una idea mucho más coral".
Lo curioso es que esta generación de baloncestistas españoles fue capaz de lograr tantas conquistas con tres seleccionadores diferentes: Pepu Hernández, Aíto García Reneses y Sergio Scariolo. A ellos también correspondió la virtud de adaptar sus ideas a lo ya edificado.
Ahora está al frente Juan Orenga, un entrenador con destacada trayectoria como jugador y poco recorrido como técnico. Debutó en el último Eurobasket y se tuvo que conformar con un bronce, aunque con una selección llena de ausencias. Aun así, Orenga recibió muchas críticas por su forma de dirigir al equipo. El también se juega mucho en el Mundial.
Y como España, Argentina también afronta el final de una etapa grande en su baloncesto de la mano de jugadores tan monumentales como Manu Ginóbili (36 años), Luis Scola (33), Pablo Prigioni (36), Andrés Nocioni (34) o Carlos Delfino (31).
A la selección argentina le queda el altísimo honor de haber sido la primera en el mundo en derrotar a un combinado de Estados Unidos conformada íntegramente por jugadores de la NBA. Ocurrió el 4 de septiembre de 2002, cuando la albiceleste ganó 87-80 en un Mundialjugado precisamente en la casa de su rival.
Pero Argentina cayó 84-77 ante Serbia en una muy polémica final que necesitó una prórroga para resolver el vencedor. En aquel equipo ya estaban Ginóbili, Nocioni y Scola.
La revancha llegaría, y de qué manera, dos años después, en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, cuando Argentina se llevó el oro tras ganar a Italia por un inapelable 84-69. Cuatro años después conquistaría el bronce en Pekín 2008.
Ahora la selección albiceleste encara los metros finales de una larga carrera y probablemente el Mundial le llegue ya tarde. Quizá también para Ginobili, cuya participación no es segura.
"Dependerá pura y exclusivamente de mi físico. Calculo que mentalmente estaré bien. Sobre la marcha decidiré", declaró recientemente.
Ahora Argentina vuelve sus ojos hacia el base Facundo Campazzo, llamado a liderar la renovación de su generación, aunque todavía es muy pronto para saber si hay sucesión garantizada. En ese sentido, parece que España lleva mayor ventaja.
Lo que sí es cierto es que el Mundial de 2014 asistirá al final de una era sensacional, en la que España y Argentina se encargaron de demostrar al mundo que los Estados Unidos, el otrora inaccesible universo de la NBA, eran tan humanos como ellos. O tan sobrenaturales.
Por Alberto Bravo (dpa)