Usain Bolt: leyenda, único e ¿irrepetible?

Entró en el grupo de los legendarios defendiendo su título olímpico de los 100 metros, se convirtió en un atleta único repitiendo en el 200, pero su récord del mundo en los 4x100 metros, su tercer oro en Londres 2012, podría hacerlo irrepetible.

Bolt, la leyenda jamaiquina.
Bolt, la leyenda jamaiquina.

Desde los primeros Juegos de la era moderna, en Atenas 1896, sólo el estadounidense Carl Lewis había logrado dos títulos olímpicos de 100 metros, en Los Ángeles 1984 y Seúl 1988, aunque el segundo lo ganó después de la descalificación del canadiense Ben Johnson por doping.

Nadie en todo ese tiempo logró lo mismo en los 200 metros. Lewis se quedó a cuatro centésimas en Seúl 1988. Repetir un triplete de oros en la velocidad en dos Juegos podría ser una hazaña sin parangón en mucho tiempo.

Eso es lo que logró hoy Bolt, un hombre de 26 años que explotó hace cuatro en las noches sofocantes del Nido de Pájaro en Pekín, donde ganó tres títulos olímpicos con tres récords del mundo.

Un año más tarde, después de rebajar en Berlín los récords mundiales de los 100 y 200 metros hasta los increíbles 9,58 y 19,19 segundos actuales, se obsesionó con la idea de ser una leyenda.

"Ahora ya lo soy", dijo Bolt el jueves, tras conquistar los 200 metros, en una rueda de prensa que prácticamente resumió toda su filosofía de vida: fanfarronería, desenfado, simpatía y carisma.

"Yo soy así, me gusta divertirme", aseguró el jamaicano, sonriente, bromista, a su llegada a Londres, en los momentos más tensos antes de entrar en acción.

Todo en la vida del jamaicano parece discurrir con esa suavidad y ligereza, pero no siempre fue así. Su primera experiencia olímpica, con 17 años, le dejó huella. En su país, donde hoy es un ídolo a la altura de Bob Marley, se le criticó con dureza cuando cruzó la meta andando tras notar un pinchazo en la pierna en las series del 200.

Esa era su prueba, la distancia para la que su cuerpo de 193 centímetros parece diseñado. En 2003 y 2004 batió el récord del mundo junior de los 200, y poco después cayó en manos de Glen Mills. El técnico jamaicano intentó que trabajara el 400, pero Bolt se negó. Quería correr el 100, una prueba más "glamourosa", más eléctrica, más divertida.

En Pekín demostró que estaba en lo cierto. Pero su altura trae aparejada algunos problemas. Su asimetría en la longitud de las piernas, de 1,5 centímetros, complicada con una escoliosis, le provocaron problemas de espalda. El encargado de arreglarlos fue el médico alemán Hans-Wilhelm Müller-Wohlfahrt, el mismo que se encarga de las estrellas del Bayern Múnich.

La tensión en la espalda sigue presente. La notó a la salida de la curva en los 200 metros de Londres. Pero Bolt sabía que no tendría otra oportunidad. La plenitud de un sprinter es de corto recorrido, así que apretó los dientes y corrió hacia la inmortalidad.

Ahora no sabe lo que hará. Seguirá corriendo, pero Río 2016 parece lejano, casi imposible. Sueña con ser futbolista profesional, incluso jugador de cricket. Pero lo más probablemente es que vuelva a Trelawny, la pequeña ciudad en la que nació en la costa norte de Jamaica, un lugar de paisajes maravillosos, donde están sus coches, sus amigos y su familia, y se siente a disfrutar de su éxito.