Era el personaje que faltaba para completar una jornada nefasta en lo organizativo para la exhibición Federer-Del Potro, en Tigre.
En medio de un clima caldeado porque el comienzo del partido principal se retrasó más de una hora, la gente descubrió que entre los 20 mil asistentes se encontraba el polémico juez Norberto Oyarbide.
A partir de ahí fue el centro de atención de la mayoría. El "Oyarbide botón, Oyarbide botón, sos un hijo de puta, la p... que te p...", atronó en el Pipa Tigre Estadio.
El magistrado arribó al estadio vestido con un impecable traje. Como estaba en el sector de los VIP pasó inadvertido hasta que fue enfocado por las cámaras de televisión, que multiplicaban las imágenes en las dos pantallas gigantes dispuestas para la ocasión.
Mientras, Oyarbide estaba sentado en un cómodo sillón, degustando sushi y tomando champagne, entre otros beneficios. La reacción del público no se hizo esperar: arreciaron los silbidos e insultos de los cuatro sectores.
Tras las puteadas llegaron las cargadas, repetidas, hirientes. "Roger cuidate, Oyarbide te está mirando" y "tenés menos pelotas que Oyarbide" (porque había faltante de balls durante una parte del match).
Intentó disimular su descontento, pero ya era evidente que su estadía en Tigre no tenía sentido. A los 40 minutos de juego, cuando el tanteador iba 2-1 en el segundo set a favor de Del Potro, Oyarbide y su pareja se retiraron custodiados.
Otra vez la silbatina dominó el ambiente. Incluso voló un botellazo de agua mineral que le pasó muy cerca.
Seguramente, fue una noche que el cuestionado magistrado no olvidará.
Conductor condenado:
Mientras Mariana "Loly" Antoniale se abanicaba con una revista especializada en tenis, a su novio se le incendiaban todos los papeles como presentador de la velada.
Primero intentó calmar a los espectadores afectados por el hundimiento de un sector de la tribuna y recibió un estruendoso abucheo. Después, presentó a Del Potro, pero resultó que La Torre de Tandil salió a escena recién 45 minutos más tarde, precisamente por el mencionado problema.
Ante cada intervención del Intruso, bajaron silbidos que, al menos en la cancha, impidieron que se oyera su voz. Una noche para el olvido.